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lunes, 15 de julio de 2013

Séptimas pinceladas: La violencia sexual como arma. El ejemplo de la Plaza Tahrir en Egipto.



Por Angie Larenas

En el año 2000 el Consejo de Seguridad de la ONU lanzó la primera Resolución donde aparece el tema de género. La Resolución 1325 surgió a causa de la presión del movimiento feminista por la discriminación y la vulneración de los derechos de las mujeres en procesos de conflicto armado.

Como bien es sabido, las resoluciones del Consejo de Seguridad tienen carácter vinculante y constituyen el marco para las actuaciones internacionales en materia de resolución de conflictos. Pero ¿por qué es tan importante que se redacten resoluciones específicas en materia de protección de los derechos humanos de las mujeres?

Un ejemplo bastante actual lo tenemos en Egipto. En las protestas ocurridas en los días alrededor del 30 de junio pasado. Se ha documentado la utilización de ataques sexuales como arma para castigar a las mujeres por su participación en las concentraciones de la Plaza Tahrir, y para disuadir a otras de que lo hagan. En el fondo, se trata de utilizar el abuso, el acoso y la violación sexual para infundir el miedo. Es, además, una forma de escarmentar a aquellas mujeres que “osan” ocupar el espacio público.

A continuación podemos ver un video preparado por Human Rights Watch (subtitulado en inglés) y publicado el 2 de julio sobre este mismo tema.



Estos sucesos en Egipto podrían considerarse como hechos aislados, pero no lo son. La desigualdad a la que nos vemos sometidas las mujeres dentro del sistema patriarcal permite que la violencia hacia nosotras sea un hecho extendido y en gran medida aceptado. La diferencia en un contexto de conflicto es que esa violencia aflora de la manera más extrema. Este es un ejemplo, pero hay otros ampliamente documentados, como en los conflictos armados de la RDC, Colombia, Bosnia

En el fondo, la violencia sexual, y la violación como arma de guerra, son la continuación de una situación de violencia estructural amparada en la desigualdad, la discriminación y el machismo.

Por eso vuelvo a la Resolución 1325 y remarco la importancia de los tres niveles en los que el Consejo de Seguridad de la ONU subrayó que es preciso enfatizar para subvertir esta realidad: la prevención, la protección y la participación de las mujeres. Por eso es tan importante que las egipcias continúen ocupando la Plaza Tahrir.

lunes, 10 de diciembre de 2012

A propósito del día Internacional de los Derechos Humanos: conflicto armado y violencia sexual.

Por Angie Larenas

Hace pocas semanas vimos en la prensa un recrudecimiento de las tensiones en la región oriental de la República Democrática del Congo (RDC). La toma de la ciudad de Goma por parte del grupo armado M-23 hizo saltar las alarmas por un conflicto que se extiende en el tiempo como una enfermedad crónica. Pero como sucede con las enfermedades crónicas, cuando parecen controladas nos permiten continuar con nuestras vidas como si nada sucediera.

El conflicto en la zona oriental de la RDC es parte de lo que se suele conocer como “el conflicto de la región de los Grandes Lagos”, que implica a varios países, tiene diferentes vertientes y ha ido teniendo picos de intensidad en distintos momentos de los últimos 50 años. En estos momentos, y en el caso de la zona oriental de la RDC, uno de los elementos centrales es la pugna por el control de los recursos. Esa región es rica en coltán, un producto utilizado en la fabricación de nuevas tecnologías, como nuestros teléfonos móviles, ordenadores y videojuegos.

En la RDC un tema especialmente sensible es el de la violencia sexual y los crímenes de género. Es difícil encontrar estadísticas fiables y el problema afecta tanto a mujeres y hombres, como a niñas y niños; aunque está clara que la incidencia es abrumadoramente superior sobre las mujeres y las niñas. En el informe “Violencia sexual relacionada con los conflictos”, presentado por el Secretario General de las Naciones Unidas a principios de este año, se señala que en el período comprendido entre diciembre de 2010 y noviembre de 2011 se documentaron 625 casos de violencia sexual. He aquí un extracto del Informe:

Durante el período que abarca el informe, se produjeron actos de violencia sexual, entre ellos, varias violaciones masivas, en Kivu del Norte y del Sur, en la zona oriental de la República Democrática del Congo. Al parecer, en varios incidentes, las violaciones masivas fueron perpetradas contra la población, a modo de represalia, por grupos armados o elementos de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), por su presunta colaboración con el “enemigo”. También se utilizan actos de violencia sexual como instrumento para ejercer control económico o político sobre la población [página 9].

En la web dedicada a la RDC por el comité vasco de ACNUR se maneja la cifra de 600 violaciones al mes. Esto es muy importante porque estamos hablando de un país donde hay acuerdos de paz firmados desde hace más de 10 años y donde se encuentra desplegada una misión de la ONU desde 1999 (MONUC primero, y MONUSCO desde 2010). Esta violencia sistemática demuestra que los acuerdos de paz o el despliegue de cascos azules son insuficientes para neutralizar la agresividad de un conflicto armado. Entonces, ¿qué falta por hacer? Las preguntas son muchas y el camino largo. Pero partamos por reconocer que las violaciones a los derechos humanos en la RDC no deben ser dejadas en el olvido.

Para profundizar:

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