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lunes, 7 de octubre de 2013

Relaciones Internacionales y otras… Sobre ciencias (sociales) y disciplinas.




Por Angie Larenas

Ciencias (sociales), disciplinas… Interdisciplinariedad, multidisciplinariedad, pluridisciplinariedad… Existe un debate interminable sobre cómo nos mezclamos, cuán diversos somos, y cómo trabajamos en nuestra diversidad.

Sin embargo, en mi opinión, todos esos debates son insuficientes. ¿De qué sirve que nos preguntemos, por ejemplo, si las Relaciones Internacionales son una ciencia o una disciplina, si esa pregunta solo sirve para no mirar más allá que a nuestro propio ombligo? ¿O de qué sirve que nos planteemos límites impenetrables entre Sociología y Ciencia Política si la fragmentación de la realidad social no es más que una herramienta analítica?

¿Ciencia Política, Sociología Política o Relaciones Internacionales? ¿Quién tiene el “dominio de lo internacional”? O mejor, ¿por qué un área del conocimiento específica tendría que tener el “dominio de lo internacional”?

Estas preguntas no son difíciles de responder y llevan en su planteamiento las respuestas… desde mi punto de vista, eso sí.

Lo que llamamos ciencias o disciplinas no son más que parcelas del conocimiento vinculadas a determinados objetos de interés. Las parcelas nos ayudan en el proceso investigativo: en la selección del universo de estudio; en la metodología, métodos y técnicas a utilizar; en los enfoques teóricos que es preciso dominar. Pero el permanecer en un área puede hacer que nuestra mente se cierre ante las opciones que provienen de otras parcelas del conocimiento. Con esto quiero decir que no se trata de compartimentos estancos, y que los límites no son infranqueables.

Supuestamente las Relaciones Internacionales son una disciplina joven. Para muchos no merece el rango de ciencia porque su área de influencia es menor, porque su desarrollo es escaso y porque su objeto de estudio es perfectamente abarcable desde la Sociología Política, la Ciencia Política, la Economía Política o el Derecho Internacional (quizás me deje alguna). 

El interés por lograr que las Relaciones Internacionales superen el rango-menor-de-disciplina a veces hace que los especialistas no puedan mirar más allá de su propio ombligo, como señalaba antes. Hay conocimientos compartidos con otras áreas que arrojan luces sobre lo que es de interés para las Relaciones Internacionales y que no debería obviarse.

Pensar que las Relaciones Internacionales –en mayúscula- se agotan en las relaciones internacionales -en minúscula- es reduccionista. Esta visión no permite comprehender el mundo de lo social de manera heurística. En la base de esas relaciones, más que las propias instituciones, están las relaciones humanas. 

Lo inter, multi y pluri está de moda, pero no ha agotado las polémicas alrededor de la fragmentación del mundo social y del conocimiento. Sin embargo, soy de la opinión de que utilizar fuentes diversas enriquece nuestras capacidades investigadoras, nos dota de mejores y más depuradas herramientas de análisis, nos brinda más posibilidades en cuanto a metodologías, métodos y técnicas…

El mundo, el mundo social, solo se encuentra fragmentado en nuestras mentes.

domingo, 30 de junio de 2013

¿Qué son las amenazas a la seguridad?

Por Angie Larenas

En Estudios Internacionales el debate sobre la seguridad, que veíamos en entradas anteriores, se enlaza con la discusión sobre las amenazas a la seguridad.

Tradicionalmente se consideraba que las amenazas a la seguridad provenían de cuestiones tales como la proliferación de armas de destrucción masiva y los conflictos entre Estados (que podían desembocar en guerras). Sin embargo, luego del fin de la Guerra Fría comienzan a tratarse como amenazas todo un abanico de problemas globales de índole económica, política y social.

Se trata de un amplio rango de factores. Algunos medibles, como la insuficiencia de ingresos, el desempleo crónico, la falta de acceso a la salud y a la educación. Otros más subjetivos, como la sensación de ser incapaz de controlar nuestro propio destino (especialmente en contextos de guerra), el sentimiento de indignidad, el miedo al crimen o a los conflictos violentos. (Tadjbakhsh, 2005: 29-30):

Desde la década de 1990 se ha producido un cambio en la manera en que las fuentes de inseguridad impactan sobre el mundo. Nos encontramos más interconectados, las amenazas se transnacionalizan, utilizan los mecanismos de la globalización para expandirse, y estos elementos, entre otros fenómenos y procesos, provocan que problemas de seguridad que antes podían circunscribirse a un país o a una región, hayan ampliado su campo de acción.

Aunque con estas líneas pudiera parecer fácil definir qué es una amenaza a la seguridad, este es un tema tremendamente complicado. Algunos especialistas se decantan por establecer una especie de catálogo de amenazas donde unas tienen mayor peso que otras. Por ejemplo, la violencia física sobre la dignidad humana, la falta de ingresos sobre la ruptura de las comunidades.

Sin embargo, las amenazas físicas son muy restringidas para explicar la problemática de la seguridad. Sobre todo porque no debemos pensar que las personas nos sentimos seguras solo cuando controlamos aquellos fenómenos objetivos (tangibles-medibles) como los que mencionábamos antes. De este modo, se perderían elementos importantes para el bienestar humano, como la posibilidad de reproducir nuestra identidad y nuestras relaciones sociales en un entorno de confianza.

Sobre este tema Roe (2008: 82) propone algo que no es habitual tener en cuenta cuando se debate sobre las amenazas a la seguridad: la importancia de las relaciones sociales. Este autor remarca que los límites de las amenazas están determinados por las seguridades e inseguridades de las relaciones sociales. Es decir, por cómo la interacción humana es capaz de producir tanto peligros como seguridades para las propias personas y para sus comunidades.

En resumen, desde esta perspectiva la seguridad es una propiedad del mundo social y las amenazas a la seguridad son aquellas que desafían la confianza en nuestras capacidades de entender, monitorear y manejar las relaciones sociales en nuestra vida diaria. Se trata de de ser capaces de controlar nuestro entorno. Algo que en situaciones de crisis (como la actual en el Estado español) o en contextos de conflictos armados es mucho más difícil de lograr.


Para profundizar:

McSWEENEY, BILL (1999): Security, Identity and Interests. A Sociology of International Relations, Cambridge, Cambridge University Press.

ROE, PAUL (2008): “The ‘value’ of positive security”, nº 34, pp. 777-794.

TADJBAKHSH, SHAHRBANOU (2005): Human Security: Concepts and Implications with an Application to Post-Intervention Challenges in Afghanistan, Les Études du CERI, Working Paper, n° 117-118.
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