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lunes, 20 de mayo de 2013

Unas palabras sobre el Día internacional contra la homofobia y la transfobia.


Por Angie Larenas 

Cada 17 de mayo se celebra el Día internacional contra la homofobia y la transfobia. En una fecha similar, en 1990, se eliminó la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud. De ahí que se haya escogido este día cómo símbolo de la lucha contra la discriminación de las personas LGTBI. 

Cuando hablamos de homofobia estamos hablando de todas las personas que sufren la vulneración de sus derechos elementales solo por su orientación sexual. Y aunque no soy una avezada en el tema, no quería dejar pasar la ocasión sin mencionar la importancia de un día como este. Quiero comentar solo tres ejemplos en tres países que me resultan familiares, aunque reconozco que la realidad es mucho más dramática en aquellos lugares donde, por ejemplo, la homosexualidad está penada por la ley, incluso con pena de muerte. 

Pero aquí voy con los ejemplos. 

- Hace poco leí un titular en un periódico chileno: “Homosexuales podrán donar sangre en Chile”. Me quedé bastante sorprendida al enterarme de que hasta el pasado mes de abril de 2013 a las personas homosexuales (aunque supongo que se referían a todos los no heterosexuales) les estaba prohibido donar sangre, lo que constituye un ejemplo claro de lo institucionalizada que se encuentra la discriminación en ese país y una evidencia descarada del estigma que persigue a estas personas. No obstante, es importante señalar que el pasado 11 de mayo se produjo una importante marcha por el Día internacional contra la homofobia y la transfobia, el que congregó a más de 50 mil personas. Muchas cosas están cambiando. 

- Por otra parte, en Cuba también el día 11, se produjo una de las pocas manifestaciones por los derechos de las personas LGTBI que se han hecho en el país. En Cuba solo está reconocido el matrimonio heterosexual, y hasta el año 2008 no estaban permitidas las operaciones de cambio de sexo. Esta realidad podría ser contradictoria con el supuesto espíritu libertario del gobierno cubano. Pero lo que me llamó la atención de la marcha, es que era una manifestación “oficialista”, la organizó el Centro Nacional de Educación Sexual dirigido por Mariela Castro (hija del presidente Raúl Castro). Había fotos de Fidel Castro, carteles sobre los “4 cubanos presos en EEUU” y gritos como: “¡Socialismo sí, homofobia no!”. Y me pregunto ¿cómo es posible que siendo discriminados/as y saliendo a las calles en contra de esa discriminación enarbolen sloganes que discriminan a aquellos/as que no piensan políticamente igual? A esa marcha no fueron invitadas las asociaciones LGTBI independientes… Todavía hay mucho camino por recorrer. 

- Por último quería comentar que usualmente España es puesta como ejemplo de Estado en el que se amparan los derechos de las personas LGTBI. El derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, la posibilidad de adoptar niños/as y de formar una familia es una gran victoria, que ni en Chile ni en Cuba se ha conseguido. Pero aún existe mucha discriminación. Apunto una evidencia sencilla: la normalización de la diversidad familiar en la educación. Aunque ya se ha pasado del modelo clásico de familia a concebir otros tipos de familia como las monoparentales o las que tienen hijos/as adoptivos, todavía falta dar el salto a la inclusión de las familias sexualmente diversas. Y la situación actual, en la que el gobierno está facilitando una mayor intromisión de la religión católica con su Iglesia en los asuntos públicos, se convierte en un obstáculo importante para la lucha contra la discriminación de los colectivos LGTBI. 

En resumen, aunque sobre estos temas solemos escuchar hablar, y a veces hasta son un punto de debate en nuestros círculos cercanos, creo que es importante aprovechar esta fecha para para reflexionar sobre la necesidad de visibilizar a todos aquellos colectivos sexualmente diversos y continuar trabajando contra su discriminación.

domingo, 7 de abril de 2013

Cuartas pinceladas: Revolución y mujeres en Cuba.


Por Angie Larenas

Hace algún tiempo me vengo preguntando sobre la existencia o no de un movimiento feminista en Cuba. Algunas evidencias he encontrado sobre agrupaciones de mujeres que actualmente trabajan de manera independiente y algunas tesis tengo sobre el tema. Pero para comprender esta realidad y la(s) situación(es) de las mujeres en el país, hay que ir un poco más atrás.

Es de sobra conocido que la revolución de 1959 significó un punto de ruptura en la historia cubana. Antes del triunfo revolucionario existía un movimiento feminista, cuya evidencia está recopilada en investigaciones de historiadores e historiadoras que se han dedicado a seguir las huellas de la lucha por la resistencia y la liberación de las mujeres en Cuba (ver: http://feminismocuba.blogspot.com.es/). De hecho, hace pocos días, el 1 de abril, se conmemoraba el 90 aniversario del Primer Congreso Nacional de Mujeres de Cuba. Uno de los temas principales del Congreso, como era de esperar en 1923, era el del sufragio femenino.

Considero que el movimiento de mujeres, del que formó parte ese Primer Congreso, se convirtió en la base social para los cambios tan profundos que traería el impuso revolucionario de 1959 en relación con las mujeres. Temas relacionados con la incorporación de las mujeres al mercado laboral, la familia, la igualdad de derechos, etc., fueron incorporados a los cambios revolucionarios que se sucedieron en Cuba en la década de 1960. Sin embargo, fue la misma revolución, con su amplitud y profundidad, la que sentenciaría al movimiento feminista cubano.

Me explico. Con el triunfo de la revolución se produjo un proceso de reinstitucionalización de las organizaciones de la sociedad civil, el que desembocaría en un partido político único, una organización universitaria única, una organización de jóvenes única… y una organización de mujeres única: la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada en 1960. Se suponía que cualquier demanda femenina, feminista, de mujeres, debía ser canalizada a través de las instancias oficiales de la FMC. Como dato decir que la FMC estuvo dirigida por la misma persona, Vilma Espín, desde su fundación y hasta la muerte de esta en 2007.

La FMC pudo ser muy revolucionaria en sus inicios, como lo fue también la revolución antes de convertirse en La Revolución Cubana. Pero con el paso del tiempo, la falta de cambios, la rigidez institucional, la implantación del pensamiento único, la FMC se convirtió en una organización tradicional y conservadora.

Y más allá de la FMC, la propia institucionalización de los cambios sociales ha fracasado al no revertir la situación de desventaja social de las mujeres en Cuba a 54 años de la revolución. Porque los cambios fueron, sobre todo, de organización, pero no de mentalidad. Por poner solo un ejemplo, la incorporación de las mujeres al mercado laboral tuvo muchos significados positivos, pero no significó la incorporación de los hombres al trabajo reproductivo, que continuó y continúa en manos de las mujeres.

Antes de la crisis de principios de la década de 1990 Cuba contaba con una red de escuelas infantiles y de centros para personas adultas que matizaba esta realidad. Pero la crisis puso en evidencia una problemática que no había desaparecido y que se agudiza por el proceso de envejecimiento poblacional. El tema del trabajo reproductivo continúa sin apreciarse en su justa medida más que por los y las especialistas que se implican en su denuncia.

Algo similar ocurre con la violencia hacia las mujeres. Siempre recuerdo un dicho muy común en Cuba: “entre marido y mujer, nadie se puede meter”… La cultura del silencio impera. También en materia de violencia machista.


Más información en:





Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades

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