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lunes, 7 de julio de 2014

Agur Azkorenas ConsultorAs: Cambio de aires y nuevos proyectos

Por Angie Larenas y Nerea Azkona

Quridxs seguidorxs:

Este va a ser el último post del blog “Todo Comenzó en Santander” que comenzamos allá en noviembre de 2012 con muchísima ilusión. Durante casi dos años hemos escrito la friolera de 82 entradas y hemos recibido más de 21.000 visitas.

Como todo en la vida, las etapas se suceden y los proyectos se emprenden y se terminan y ahora mismo estamos en esa fase. Vamos a cerrar esta gran etapa en la que hemos sido libres de escribir sobre muchísimos temas en la red con sentimientos encontrados. Por un lado, con pena; y por el otro, con satisfacción de haber hecho un buen trabajo.

No es un adiós definitivo, ya que los caminos en la red son inescrutables y nunca se sabe, pero sí que vamos a dar por terminado este blog que esperamos que siga siendo objeto de búsquedas y que aclare dudas o que os saque alguna que otra sonrisilla.

Nosotras hemos puesto todo de nuestra parte para llegar a todxs vosotxos, y esperamos que así haya sido.


Muchas gracias por la fidelidad y hasta pronto.

lunes, 9 de junio de 2014

Sobre la monarquía. El peso del simbolismo o el anacronismo institucional.



Por Angie Larenas

La abdicación de Juan Carlos de Borbón, Rey de España, el pasado 2 de junio, ha generado la coyuntura perfecta para que se instaure públicamente el debate sobre el futuro de la monarquía. En efecto, desde ese día se han venido sucediendo manifestaciones que abogan por su fin. 

Básicamente, lo que piden numerosas organizaciones sociales, partidos políticos y ciudadanos y ciudadanas, es que los pueblos del Estado español puedan decidir en referéndum si desean continuar con el sistema monárquico actual o cambiar el curso de la historia e instaurar la III República. 

La monarquía es un objeto anacrónico en una sociedad democrática. Así lo veo yo. Representa lo más arcaico de la política. Además de que es injusto que en el mundo actual una persona goce de todos los privilegios solo por pertenecer a determinada familia, y que además sea venerada por ello.

Es cierto que la función del Rey es fundamentalmente simbólica porque su poder se encuentra muy limitado por la Constitución. Pero, ¿qué necesidad hay en el contexto actual de dilatar la existencia de una institución cuyo peso es puramente simbólico? O más, ¿por qué perpetuar la existencia de una institución que ha caído en el descrédito social por su falta de transparencia, escándalos de corrupción, distanciamiento de la base social, etc.?


Fuente: Viñeta de Manel Fontdevila (portada censurada de El Jueves)


Durante décadas la legitimidad del Rey ha descansado, en gran medida, en su figura como “artífice de la transición a la democracia”. Pero ¿de qué legitimidad goza Felipe VI? Su figura necesita su propia construcción legitimadora que haga olvidar un poco el desencaje social de una institución inmóvil y anacrónica, y resalte su valor simbólico. He aquí, en mi opinión, el gran desafío de la monarquía.

Por otro lado, quienes abogan por un cambio y por la alternativa republicana se enfrentan a una realidad. La potestad para decidir sobre la posibilidad del referéndum la tienen las Cortes Generales. Pero, como ya sabemos, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE) han dado su apoyo a la sucesión monárquica, y ambos partidos, por ejemplo, ocupan 266 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados, lo que hace muy difícil que salga adelante dicho referéndum. 

Esta realidad hace más necesaria la movilización popular como elemento de presión para lograr ese referéndum. 

Y les dejo aquí, con el Art. 92 de la Constitución:
  1. Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos
  2. El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados
  3. Una ley orgánica regulará las condiciones y el procedimiento de las distintas modalidades de referéndum previstas en esta Constitución.

lunes, 5 de mayo de 2014

Lenguaje y sexismo, cuando las mujeres somos invisibles.



Por Angie Larenas

Desde hace un par de semanas estoy realizando un curso on-line sobre liderazgo y motivación. En el curso la mayoría de quienes estudiamos somos mujeres (más de veinte mujeres y tres o cuatro hombres).

Pero en el material del curso pareciera que no existimos. La alusión permanente es a “el líder” o “los líderes”. Los ejemplos son marcadamente masculinos, y hasta donde he podido llegar (voy más o menos por la mitad) solo ha habido un párrafo donde algún teórico hace referencia a los beneficios del liderazgo femenino y otro donde explican si existen o no diferencias de liderazgo según el sexo.

Digo “algún teórico” porque, siguiendo la tónica del curso, me atrevo a pensar que la abrumadora mayoría de las personas citadas en las distintas clasificaciones, teorías y ejemplos utilizados son hombres. Aunque al mismo tiempo me niego a pensar que el mundo del liderazgo sea esencialmente masculino.

Hablando en términos del curso, me “desmotiva” el hecho de que nos introduzcan en los temas del liderazgo haciendo tan evidente el uso sexista del lenguaje. Estudiamos la importancia de cuestionar, crear, actuar, participar, democratizar, etc., para ejercer un liderazgo efectivo y generar motivación para el buen funcionamiento de las organizaciones. Sin embargo, en mi opinión, cada uno de esos términos pierde el peso de su significado si no se hace evidente que quienes ejercen ese liderazgo pueden ser hombres y mujeres. 

Es decir, ¿cómo cuestionar, crear, actuar, participar, democratizar, etc., invisibilizando?




Por esa razón, propongo tres recomendaciones para evitar un uso sexista del lenguaje en cursos como este, pero que quizás nos puedan servir en distintos momentos de nuestras vidas: 

- En vez de utilizar la expresión “el jefe”, “el líder”, “el motivador”, etc., utilizar “la persona que lidera”, “el jefe o la jefa”, “el o la motivadora”, “líder o lideresa”… existen múltiples combinaciones.

- Llamar a las personas que citamos por su nombre y apellido, así no caemos en el androcentrismo de pensar que quienes piensan son hombres.

- No decir “el hombre” cuando se hace referencia a toda la humanidad. Las mujeres también somos parte de, actoras sociales, sujetos…

Es importante atajar el lenguaje sexista para eliminar su carácter excluyente. No es tarea fácil. Nuestras estructuras mentales se resisten a la transformación (las mías, al menos). 

El lenguaje es fundamental para nuestra comunicación. Permea nuestra mente, nuestras actuaciones y sentimientos; incide en la manera en que percibimos el mundo. Por eso, si continuamos reproduciendo un lenguaje sexista ayudamos a perpetuar la invisibilidad de las mujeres.

Pero considero que pequeños pasos como las tres recomendaciones anteriores pueden marcar la diferencia entre la reproducción acrítica de este tipo de lenguaje y la conciencia de su existencia, que sería, podríamos decir, el primer paso.



Algunas guías de lenguaje no sexista (hay muchas más):
UNED 



martes, 25 de febrero de 2014

Un as bajo la manga: el beneficio económico de la reforma de la ley del aborto.



Por Angie Larenas

El Rebelde, un personaje en el libro “Las armas milagrosas” del escritor martiniqueño Aimé Césaire, decía:

Me acuerdo de un día de noviembre; no tenía seis meses [mi hijo] cuando el amo entró en la casucha fuliginosa como una luna de abril y palpó sus pequeños miembros musculosos, era un amo muy bueno, paseaba en una caricia sus dedos gruesos por la carita llena de hoyuelos. Sus ojos azules reían y su boca le decía cosas azucaradas: será una buena pieza, dijo mirándome, y decía otras cosas amables, el amo, que había que empezar temprano, que veinte años no eran demasiados para hacer un buen cristiano y un buen esclavo, buen súbdito y leal, un buen capataz, con la mirada viva y el brazo firme. Y aquel hombre especulaba sobre la cuna de mi hijo, una cuna de capataz.

El contexto es claramente la época de la esclavitud. Es, además -y aquí me gustaría detenerme-, una referencia a una forma de reducción de la humanidad: la utilización de las personas como herramientas para la obtención de beneficios económicos. 

En enero pasado hubo una noticia que me recordó a esta relación amo/a-esclavo/a de la obra de Césaire. La Cadena Ser tuvo acceso a la Memoria del impacto normativo de la reforma de la ley del aborto del Ministerio de Justicia del Estado español. En el artículo publicado subrayaban la confianza del gobierno en que el aumento de la natalidad que traerá consigo la reforma impactará positivamente sobre la economía. La Memoria habla del “impacto neto positivo por los beneficios esperados por el incremento de la natalidad”.

¿Pero dónde está la similitud con el pasaje de la obra de Césaire?

Suprimir el derecho al aborto obligará a ser madres a muchas mujeres. Pero, según el gobierno, esto puede ser beneficioso para la economía, tal y como era beneficioso para el sistema esclavista suprimir la libertad de las personas y reducir su humanidad a simples objetos.

No estoy diciendo que la reforma de la ley del aborto nos traerá algún nuevo tipo de esclavitud. Estoy diciendo que vivimos en un tipo de esclavitud. Una en la que prima la ley del dinero, porque no importa el coste que puedan tener las decisiones políticas para las personas si estas se pueden justificar con un alegre “beneficio económico”.

De este modo, el impacto económico positivo de la reforma de la ley se desliza como un elemento más que la justifica. En el fondo, se trata de crear, como decía Césaire “buenas piezas”, “buenos súbditos y leales”.


lunes, 10 de febrero de 2014

El VIH/SIDA y el trinomio seguridad-salud-desarrollo.


Por Angie Larenas

En septiembre de 2000 los principales líderes mundiales se reunieron en la llamada Cumbre del Milenio. Allí definieron ocho objetivos concretos para avanzar a favor de la paz, los derechos humanos, la gobernabilidad, la sostenibilidad ambiental, y la erradicación de la pobreza; para promover los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad. El objetivo número seis hacía referencia directamente a la necesidad de combatir el VIH/SIDA, junto al paludismo y otras enfermedades. De este modo, el VIH/SIDA pasaba a formar parte de la agenda mundial vinculada al tema de la seguridad y el desarrollo.

El VIH/SIDA se ha expandido por el mundo a gran velocidad, pero no al azar. El gráfico nº 1 muestra la prevalencia de la enfermedad globalmente. Se percibe con claridad que la zona por donde más se ha extendido se corresponde con los territorios más empobrecidos del mundo, como África Subsahariana.


Gráfico nº 1: Cantidad estimada de personas viviendo con VIH, 2012.


Fuente: ONUSIDA 


Existen elementos que han facilitado la emergencia de la enfermedad y que pueden ser analizados desde las ciencias sociales: la urbanización, la pobreza, los cambios en los estilos de vida, el incremento de consumo de drogas intravenosas, etc. En gran medida las desigualdades sociales han dado forma a la propagación del virus, y también al curso de la enfermedad en las personas afectadas. 

En un contexto como este es especialmente importante estudiar la enfermedad, su prevención y su control. Una opción es analizarla como parte del trinomio seguridad-salud-desarrollo. Pero ¿cómo se vincula la salud a la seguridad y al desarrollo? Lo primero es que hay que ampliar y profundizar el campo de análisis de ambos conceptos

Las personas experimentamos la inseguridad desde diversos ámbitos. La amenaza de la guerra –como apuntaba el concepto tradicional de seguridad, aquel que enfoca su atención hacia el Estado y su defensa a través de la militarización- puede ser uno de ellos, pero la pobreza, la falta de oportunidades y de condiciones óptimas para la salud, lo son también. Por lo tanto, la seguridad es un concepto multidimensional y sus dimensiones interactúan. 

Más concretamente, la manera en que el VIH/SIDA se ha extendido sobre el mundo se puede explicar también a partir de la interrelación de variables como la pobreza, la desigualdad sexual, la violencia, etc., elementos que a su vez inciden sobre las condiciones de inseguridad del mundo en que vivimos. En este sentido es preciso considerar que la protección sanitaria mundial es interdependiente, que hay países con sistemas epidemiológicos muy fuertes y otros muy débiles, y esto no es natural.

El carácter social de estos procesos ha ayudado a que en materia de desarrollo se haya llegado a un cuestionamiento de aquellas visiones que ponían el centro de atención en el crecimiento económico y que analizaban el desarrollo desde una perspectiva evolucionista. De este modo, la ampliación y profundización del concepto de desarrollo desvía la atención hacia sus dimensiones sociales: oportunidades, empoderamiento, derechos humanos, género y medioambiente, son algunas de ellas.

Entonces, el trinomio seguridad-salud-desarrollo forma una relación dialéctica y compleja que implica la convergencia de temas diversos y que demanda soluciones desde los niveles macro y microsociales, desde las entidades comunitarias, hasta los Estados y el sistema internacional. Solucionar el problema de la incidencia del VIH/SIDA requiere de la acción global, pero no solo de acciones en materia de salud, sino también sobre el desarrollo y la seguridad. 

Con la interrelación entre estos elementos salta a la vista la necesidad de establecer una complementariedad entre políticas en el marco de la salud. Esta centralidad inserta a la salud en la lógica de los derechos humanos y de la satisfacción de necesidades básicas, e incide en las capacidades y las libertades de las personas. Sin embargo, va más allá del ámbito de lo individual y de lo estatal para integrar la dinámica de las relaciones internacionales donde la problemática del desarrollo y de la seguridad es fundamental.



Para mayor información ver:

FARMER, P., “Desigualdades sociales y enfermedades infecciosas emergentes”, en Papeles de Población, nº 23, enero-marzo de 2000, pp. 181-201.

SUTCLIFFE, B., “El virus de la Inmunodeficiencia Humana y sus colaboradores”, en Cuadernos de trabajo de Hegoa, nº 45, julio de 2008, pp. 17-67

lunes, 27 de enero de 2014

Lakou, autonomía y resistencia en la historia del Haití rural.


Por Angie Larenas

Dentro de la historia de Haití ocupan un lugar relevante las resistencias contra la dominación. La opresión de Francia primero, de la casta política y militar haitiana después, de los marines estadounidenses en la época de la ocupación militar, de los líderes “ocupados” por los intereses estadounidenses…

Haitianos y haitianas se levantaron contra la esclavitud en 1791. Esto implicó no solo su abolición dos años después, sino también la lucha contra las manifestaciones sociales que la esclavitud traía consigo, como el sistema de plantación azucarera.

Pero teniendo en cuenta la efectividad de la plantación para generar ganancias económicas (hay que tener en cuenta que Saint Domingue era la colonia más próspera el mundo en el siglo XVIII) durante todo el siglo XIX se intentó una y otra vez volver sobre este sistema como método para impulsar la economía y el “progreso” de Haití. 

De ahí que poco a poco la población fuera construyendo un sistema alternativo, denominado por algunos especialistas como contraplantación, que se desarrolló paralelamente a un Estado casi inexistente. Una de las formas de organización social dentro del sistema de contraplantación era el lakou.

Básicamente, el sistema lakou se constituía por un grupo de casas agrupadas alrededor de un patio común, compartido por lo general por una familia extendida. Pero más allá de estas características lo más significativo del lakou es que se convirtió en un sistema de prácticas sociales y culturales que, en buena medida, aseguraban la propiedad sobre la tierra y cierto nivel de autonomía para quienes la trabajaban. Una contestación a los imparables intentos de los gobiernos por imponer el monocultivo y la explotación extensiva de la tierra con mano de obra explotada; reminiscencias de una época ya superada. 

Dentro del lakou quizá una de las tradiciones que mejor representan la importancia de la autosuficiencia es una relacionada con los recién nacidos. Cuando un bebé llegaba al mundo su cordón umbilical se enterraba y sobre él se sembraba un árbol frutal. La fruta del árbol se podía vender para suplir necesidades básicas del niño o la niña mientras crecía, y los ingresos generados podían invertirse también en ganado o incluso en tierras. De este modo, aunque sea simbólicamente, se aseguraba la propiedad sobre la tierra del recién nacido, y su futura autonomía.

El lakou se puede considerar como una manifestación de la idea de libertad del Haití rural, la que impactó profundamente sobre la geografía social del país, incluso sobre las ciudades. Es un claro ejemplo de la tradición comunitaria haitiana y de la capacidad de la población de ser autosuficientes y asegurar un modo de vida digno frente a las constantes imposiciones del Estado. 

Desconozco las formas actuales del lakou, pero uno de los mayores problemas que está teniendo el proceso de reconstrucción de Haití desde el terremoto de 2010 es la falta de colaboración entre los diversos agentes que están tomando parte en la reconstrucción (gobierno, ONG, Estados donantes, organismos internacionales) y la población. Esta falta de colaboración se cimenta sobre la imposición de recetas preconcebidas que en muchas ocasiones no tienen en cuenta la realidad social del país, y que desconocen sus antecedentes comunitarios. Quizá una buena recomendación sea poner en su justa medida la importancia de hurgar en el pasado y, buscar así, en las tradiciones escondidas tras el sistema lakou.



Para mayor información ver:

DUBOIS, Laurent, Haiti: The Aftershocks of History, Metropolitan Books, Nueva York, 2012. 

EDMOND, Yanique M.; RANDOLPH, Suzanne M. ; y RICHARD, Guylaine L., “The Lakou System: A Cultural, Ecological. Analysis of Mothering in Rural Haiti”, en The Journal of Pan African Studies, vol.2, no.01, noviembre 2007.

SCHULLER, Mark, Killing with Kindness. Haiti, International Aid, and NGOs, Rutgers University Press, Nueva Jersey, 2012.

lunes, 13 de enero de 2014

Duodécimas pinceladas: Derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y pugnas de poder.

Por Angie Larenas

El 20 de diciembre se aprobó en el Consejo de Ministros del gobierno español el Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada. Este Anteproyecto de Ley, de convertirse en ley, vendría a sustituir la actual Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo.

Está bastante claro, y de ello se viene hablando desde antes de la aprobación del Anteproyecto de Ley, que la propuesta del gobierno precarizará la situación de desigualdad de las mujeres en el Estado español. Nos perpetúa como víctimas de la desigualdad y de la supuesta presión social en contra de la maternidad. Nos discrimina al tratarnos como víctimas. Nos criminaliza al prohibir. En el fondo, reduce nuestra capacidad de decidir sobre nuestro propio cuerpo

El discurso feminista subraya la importancia del cuerpo como territorio. Como señala Lilián Celiberti: “como territorio de poder, como territorio propio, como autonomía, como dominio y como liberación”.

Como territorio en disputa aún hoy el cuerpo de las mujeres se encuentra mediado por la presión de la moral religiosa, en nuestro caso, por la moral católica. Esta intenta homogeneizar una visión del cuerpo femenino en la que se sobredimensiona la maternidad como cualidad suprema y se rechaza la sexualidad como sujeto de pecado.

Dentro de este andamiaje ideológico, la supuesta inmoralidad del aborto, como bien señala Ferrajoli, refleja “…la posición expresada de manera emblemática por la religión católica: si un comportamiento es inmoral debe ser también prohibido por el brazo secular del derecho; si es un pecado debe ser también tratado como delito”. Se establece así la relación directa entre moral y derecho que vemos en el Anteproyecto de Ley del ministro de justicia.

Con los cambios propuestos el gobierno español resuelve la disputa sobre el cuerpo de las mujeres, de todas las mujeres, en beneficio de las demandas de la iglesia católica y los sectores más conservadores de su partido. Legitima la victimización, discriminación y criminalización de las mujeres estableciendo dónde está el poder y quiénes lo detentan.


 
Para mayor información

lunes, 9 de diciembre de 2013

Onceavas pinceladas: ¡Se acercan las navidades! El mundo infantil, Monster High y la reproducción de estereotipos.



Por Angie Larenas

Para aquellas personas que estamos cerca del mundo infantil femenino (porque sí, sigue existiendo un mundo infantil masculino y uno femenino, por más que una se empeñe en desdibujar las fronteras), “Las Monster” son merchandising de moda. Las muñecas Monster tienen un toque monstruoso: colores oscuros, dientes de vampiro, orejas de mujer-lobo, costuras a lo Frankestein, etc. Aquello que tradicionalmente era lo monstruoso, lo desagradable, aquí es lo destacable y lo deseable.

Monster High es una serie de TV ambientada en una escuela secundaria (también tiene sus películas). En Monster High están las y los Monsters, mientras que separados, en otras escuelas, están los Normis, que serían las personas “normales”. La idea general que atraviesa Monster High es la de la exaltación de la diferencia. El patito feo aquí ya no necesita convertirse en un cisne para ser aceptado. Se utiliza el discurso de la aceptación de la diversidad para resaltar que lo que se consideraba abominable ya no lo es y no tiene por qué serlo. 

Pero no se cambia el tipo de relaciones tradicionales entre mujeres y hombres a las que nos tiene tan acostumbradas la televisión: las chicas siguen necesitando la protección de los chicos, a pesar de que son tan o más poderosas que ellos; las chicas tienen que ser cuidadosísimas con su presencia y los chicos tienen que ser fuertes y musculosos; las chicas están permanentemente preocupadas por su estilo “divino de la muerte”; las chicas son todas altas, con unas piernas larguísimas, un cuerpo “perfectamente” formado y unos rostros con horas de dedicación al maquillaje.

Cuando te insertas en el contenido real de Monster High puedes entrever la reproducción de los estereotipos sexuales tradicionales y la exaltación del consumo como piedra angular de las relaciones sociales. En este contexto, la utilización del discurso de la aceptación de la diversidad pierde su contenido revolucionario. No se produce un cambio en el tipo de relaciones que se tejen al interior de la historia. O lo que es lo mismo, cambia el envoltorio para hacer de Monster High un producto vendible novedoso, pero no el contenido real de las relaciones sociales que muestra. Por lo tanto, la diversidad es ilusoria y se convierte en un discurso vacío… vaciado.

Los juegos y los juguetes son definitorios en la formación de la personalidad de niñas y niños. Son parte relevante dentro proceso de socialización de las personas. Por tanto, el consumo de productos sexistas pauta conductas sexistas. Y estos elementos son parte de la educación que proporcionamos.

Monster High es un ejemplo donde pudiera haber miles; desde a quién van dirigidas las páginas rosas en las revistas de juguetes, las imágenes publicitarias más agresivas en los “juguetes masculinos”, hasta “el coche para el niño y el bebé para la niña” en la decisión de comprar un juguete. La reproducción de estereotipos sexistas limita las oportunidades de aquellos a quienes estereotipa. De modo que, este tipo de consumo está limitando la capacidad de nuestras niñas y niños de conducirse como iguales.

Junto al ambiente educativo y familiar, los medios de comunicación son centrales en la reproducción de estas prácticas (potenciación y consumo). Y las propuestas en este sentido deberían avanzar en concordancia con la sociedad igual que pretendemos construir… sobre todo pensando en nuestras niñas y nuestros niños.



Para profundizar ver:






domingo, 24 de noviembre de 2013

Décimas pinceladas: Sobre violencia estructural en el “Día internacional de la eliminación de la violencia hacia las mujeres”.




Por Angie Larenas

En 1955 Rosa Parks (Montgomery, EEUU) se cansó de vivir la humillación a que se veía sometida cada día en el espacio público y decidió transgredir las normas establecidas: no cedió el asiento a un hombre blanco en el autobús, tal y como “debió” haber hecho. Ese día Rosa Parks optó por la confrontación. Pasó una noche en prisión, pagó una multa, pero continuó. 

Rosa Parks fue consciente de su situación, se movilizó y se esforzó por cambiar las normas de la segregación racial. Al desafiarlas, Rosa Parks demostró que esas normas no eran naturales aunque lo parecieran.

La acción de Rosa Parks es, en mi opinión, un ejemplo de la lucha por la eliminación de la violencia hacia las mujeres (sin desmerecer el impacto directo que tuvo en el impulso del movimiento por los derechos civiles en EEUU). Un tipo de violencia que no necesariamente atenta contra la integridad física, no, porque la violencia tiene manifestaciones diversas.

Me refiero a la violencia estructural. Aquella que tiene su fundamento en el funcionamiento de las estructuras de la sociedad, las que fuerzan a las personas y limitan su capacidad de auto-realización. La pobreza, la desigualdad social, el racismo, el sexismo, etc., son fenómenos sociales que emanan del funcionamiento de las estructuras. Se trata de procesos interrelacionados e interdependientes, producto de la agencia humana.

¿Por qué esa violencia tiene formas específicas en relación con las mujeres?

La violencia estructural no impacta por igual a mujeres y hombres. Hemos construido el mundo social sobre relaciones desiguales: desigualdad en el acceso a los recursos, discriminaciones múltiples, segregaciones, etc. Las relaciones de género desiguales están en la base del funcionamiento y de la reproducción de las estructuras. Por lo tanto, las condiciones desiguales en que mujeres y hombres accedemos al mundo social hace que sea insuficiente –aunque necesaria- la lucha contra la violencia física. Hay que ir más lejos.

Superar la situación de violencia estructural en la que vivimos no es sencillo. Pasa por:

  • Reconocer la existencia de las estructuras que nos constriñen: desnaturalizarlas.
  • Tener claridad sobre las condiciones de explotación a que nos somete el sistema patriarcal: tomar conciencia.
  • Actuar, como hizo Rosa Parks: confrontar, movilizar, conscientizar.

Si no se eliminan las raíces profundas de la violencia, la violencia persiste y se reproduce. Hay que buscar esas raíces, lo que implica una visión crítica del mundo en que vivimos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Qué es la instrumentalización política de la acción humanitaria?


Por Angie Larenas

Una definición de la acción humanitaria es la que la describe como un conjunto de acciones que implican el suministro de ayuda, de servicios básicos para la supervivencia (como en el caso de los desastres “naturales”), así como la protección de las víctimas y de sus derechos fundamentales, la preparación para la rehabilitación y la reconstrucción posbélica (como en los conflictos armados). 

Los orígenes del concepto moderno de humanitarismo se remontan al siglo XIX. El ginebrino Henry Dunant (1828-1910) escribió que el campo político debía estar acompañado por un espacio neutro: el campo humanitario. En este sentido propuso construir un ordenamiento jurídico internacional (que más tarde desembocaría en el Derecho Internacional Humanitario), y la fundación de instituciones permanentes preparadas para hacer frente a situaciones de catástrofe. 

En el período post-Guerra Fría la complejización de escenario internacional ha marcado a la acción humanitaria haciendo más peligrosa su actuación, principalmente en espacios de conflicto armado. Se ha evidenciado una multiplicación de los actores que participan en el campo humanitario (ONG, organizaciones intergubernamentales, gobiernos, militares, compañías privadas); cada uno guiado por sus propias interpretaciones del humanitarismo.

Pero a pesar de la multiplicación de agentes, los Estados continúan siendo actores centrales en el desarrollo del humanitarismo. Son los encargados de redactar, firmar, ratificar y aplicar los convenios internacionales relacionados con el campo humanitario, lo que les otorga un papel protagónico en este escenario. De ahí su importancia.

La instrumentalización política del humanitarismo es la utilización del discurso y las prácticas del humanitarismo como una herramienta para conseguir determinados intereses políticos por parte de los Estados. Puede ser comprendida también como una politización de la acción humanitaria. Al utilizarla en función de objetivos geoestratégicos, políticos y económicos, se exacerban los intereses de los Estados en desmedro de los objetivos humanitarios. 

En este sentido, la acción humanitaria es tanto un instrumento de política interna como de política exterior, pero también un instrumento para expandir mercados. Estudiosos y estudiosas del humanitarismo enfatizan que una de las pretensiones de los donantes, o de los Estados que participan del campo humanitario en los territorios en crisis, es llevar empresas nacionales a las zonas una vez reconstruidas. 

Los Estados juegan un papel mucho más importante que el de simples donantes. Están presentes en el escenario humanitario con ejércitos, seguridad civil, a través de los mecanismos de la ONU, etc. El término “humanitario” les resulta útil para involucrarse en los territorios más conflictivos y sacar beneficios de su participación. 

La comunidad internacional decide quién no necesita ayuda, quién no puede ser ayudado y quién puede y debe ser ayudado. Los escenarios de crisis humanitaria en Bosnia, Somalia y Ruanda en la década de los 90, pusieron en evidencia la instrumentalización política de la acción humanitaria y alteraron el enfoque tradicional del humanitarismo. En estas tres crisis quedó demostrado que la manipulación de la acción humanitaria trae confusión y puede empeorar la situación a expensas de las víctimas. De este modo se constata una contradicción entre los principios éticos y jurídicos de la acción humanitaria, y las apuestas geoestratégicas, políticas y económicas en las que los Estados basan sus decisiones. 


Para profundizar:

Abrisketa, Joanna (2004). Derechos humanos y acción humanitaria, Bilbao, Universidad de Deusto, Alberdania.

Grünewald, François y Geoffroy, Véronique (2006). “State Humanitarianism/ Private Humanitarianism Relationship: What Form Should It Take?”, en Gibbons y Piquard (eds.), Working in Conflict – Working on Conflict. Humanitarian Dilemmas and Challenges, Bilbao, University of Deusto, pp. 63-82.

Pérez de Armiño, Karlos (2002). La vinculación emergencia-desarrollo en el marco del ‹‹nuevo humanitarismo››. Reflexiones y propuestas, Madrid, Coordinadora de ONGD.

Weiss, Thomas (1998), “Humanitarian Action in War Zones: Recent Experience and Future Research”, en Nederveen (ed.), World Orders in the Making. Humanitarian Intervention and Beyond, London, Macmillan Press, pp. 24-79.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Novenas pinceladas: Las mujeres y el acceso a la educación.


Por Angie Larenas

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Artículo 26, la educación es un derecho. Por ello se señala que: 
  • Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental…
  • La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales

Sin embargo, en el mundo existen millones personas sin acceso a la educación. Y la dificultad para llegar a ella ha tenido y tiene un claro componente de género.

Por ejemplo: 


- Renate Schüssler, en 2007, escribía que en Perú el 17 % de las mujeres es analfabeta, frente al 6% de los hombres. Esta proporción se eleva en zonas rurales y pobres. Pero la exclusión la viven, sobre todo, las mujeres de los pueblos autóctonos y que tienen una lengua distinta al español.

- En Haití, para el año 2012, la población de mujeres con al menos la educación secundaria terminada era del 22,5 %, mientras que la de hombres era el 36,3%. Es bastante subrayable la diferencia con el resto de América Latina y el Caribe, donde 49,8% de las mujeres y el 51,1% de los hombres tenía la educación secundaria concluida.

- En Afganistán, según cifras del Ministerio de Educación afgano citadas por Humaira Haqmal, en 2012 8,39 millones de niños y niñas iban a la escuela, de ellos el 39% eran chicas y 61% chicos

Independientemente de las diferencias de los ejemplos expuestos, de los matices que puedan acompañar a las cifras, está claro que la violación del derecho básico a la educación tiene un impacto diferenciado según el sexo.

En este sentido es importante destacar la relevancia del enfoque de género en la educación. Esto quiere decir que en las políticas relativas a este tema debería ser imprescindible tener en cuenta la diversidad de elementos que permiten la reproducción de las desigualdades de género.

Se trata de elementos tales como la pobreza, la cultura, la discriminación, el racismo, la segregación, la inseguridad, el machismo.

Un objetivo claro en materia educativa sería enseñar para superar el sistema de relaciones humanas jerarquizado y masculinizado en el que nos hemos educado y en el que educamos


Para profundizar:









lunes, 7 de octubre de 2013

Relaciones Internacionales y otras… Sobre ciencias (sociales) y disciplinas.




Por Angie Larenas

Ciencias (sociales), disciplinas… Interdisciplinariedad, multidisciplinariedad, pluridisciplinariedad… Existe un debate interminable sobre cómo nos mezclamos, cuán diversos somos, y cómo trabajamos en nuestra diversidad.

Sin embargo, en mi opinión, todos esos debates son insuficientes. ¿De qué sirve que nos preguntemos, por ejemplo, si las Relaciones Internacionales son una ciencia o una disciplina, si esa pregunta solo sirve para no mirar más allá que a nuestro propio ombligo? ¿O de qué sirve que nos planteemos límites impenetrables entre Sociología y Ciencia Política si la fragmentación de la realidad social no es más que una herramienta analítica?

¿Ciencia Política, Sociología Política o Relaciones Internacionales? ¿Quién tiene el “dominio de lo internacional”? O mejor, ¿por qué un área del conocimiento específica tendría que tener el “dominio de lo internacional”?

Estas preguntas no son difíciles de responder y llevan en su planteamiento las respuestas… desde mi punto de vista, eso sí.

Lo que llamamos ciencias o disciplinas no son más que parcelas del conocimiento vinculadas a determinados objetos de interés. Las parcelas nos ayudan en el proceso investigativo: en la selección del universo de estudio; en la metodología, métodos y técnicas a utilizar; en los enfoques teóricos que es preciso dominar. Pero el permanecer en un área puede hacer que nuestra mente se cierre ante las opciones que provienen de otras parcelas del conocimiento. Con esto quiero decir que no se trata de compartimentos estancos, y que los límites no son infranqueables.

Supuestamente las Relaciones Internacionales son una disciplina joven. Para muchos no merece el rango de ciencia porque su área de influencia es menor, porque su desarrollo es escaso y porque su objeto de estudio es perfectamente abarcable desde la Sociología Política, la Ciencia Política, la Economía Política o el Derecho Internacional (quizás me deje alguna). 

El interés por lograr que las Relaciones Internacionales superen el rango-menor-de-disciplina a veces hace que los especialistas no puedan mirar más allá de su propio ombligo, como señalaba antes. Hay conocimientos compartidos con otras áreas que arrojan luces sobre lo que es de interés para las Relaciones Internacionales y que no debería obviarse.

Pensar que las Relaciones Internacionales –en mayúscula- se agotan en las relaciones internacionales -en minúscula- es reduccionista. Esta visión no permite comprehender el mundo de lo social de manera heurística. En la base de esas relaciones, más que las propias instituciones, están las relaciones humanas. 

Lo inter, multi y pluri está de moda, pero no ha agotado las polémicas alrededor de la fragmentación del mundo social y del conocimiento. Sin embargo, soy de la opinión de que utilizar fuentes diversas enriquece nuestras capacidades investigadoras, nos dota de mejores y más depuradas herramientas de análisis, nos brinda más posibilidades en cuanto a metodologías, métodos y técnicas…

El mundo, el mundo social, solo se encuentra fragmentado en nuestras mentes.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Octavas pinceladas: Las mujeres y la construcción de la paz.


Por Angie Larenas



El Observatorio de Conflictos y Construcción de Paz, de la Escola de Cultura de Pau (Universidad de Barcelona) recogía, para agosto de este año, el deterioro de la paz en distintas regiones del mundo: Afganistán, Turquestán Oriental (China), Egipto, Líbano, República Centroafricana, Siria y Sudán (Darfur). 



El mapa que elabora el Observatorio incluye tanto las regiones donde se ha ido deteriorando la situación, como aquellas regiones en alerta o en las que ha habido avances en materia de construcción de la paz.

Dentro de este mapa existe una diferenciación en cuanto a la participación de mujeres y hombres en los conflictos violentos y en la construcción de la paz. Diferenciación que cada vez es tenida más en cuenta gracias al empuje del feminismo y su insistencia en la necesidad de visibilizar a las mujeres y a las formas específicas de violencia que se ejerce en su contra.

De este modo:

- Cuando hablo de formas específicas de violencia me refiero a la violencia dirigida específicamente a las mujeres por razones de género. Se trata de un continuum de violencia que transita entre la paz y el conflicto armado con formas más radicales en este último. La violencia sexual como arma de guerra es un ejemplo.




- En tiempos de conflicto armado se produce una invisibilización de las mujeres como actoras de la violencia, teniendo en cuenta solo su carácter de víctimas y su vulnerabilidad. Este tipo de invisibilización es peligrosa por cuanto naturaliza la idea mujeres-víctimas-necesitadas-de-protección, lo que oscurece su participación en los conflictos y sus aportes en la construcción de la paz.


Guerrilleras, Colombia
Fuente: Semana


- En los procesos de construcción de la paz las mujeres suelen tener un rol protagónico, pero desde el anonimato. Son escasamente tomadas en cuenta en las negociaciones y en la toma de decisiones. La relación que se produce entre mujeres-paz no es la extensión de un rol innato de cuidadoras-protectoras: es activismo político.

Barrido de las calles de la ciudad en ruinas, Rusia/Chechenia, Grozny, 06/1995
Eric Bouvet


Con estas líneas lo que planteo es que tal y como se producen roles de subordinación de las mujeres en tiempos de relativa calma, en contextos de conflicto armado y de construcción de la paz existe una subordinación de las mujeres al papel protagónico jugado por los hombres. 

Esta subordinación hace que la imagen de la participación de las mujeres sea una imagen plana, sin matices, cuando la realidad apunta a que la participación es diversa, dispar, llena de relieves, y como tal es preciso tenerla en cuenta.



lunes, 5 de agosto de 2013

Cocinando una entrada “Azkorenas”: Receta paso-a-paso.

Por Nerea Azkona y Angie Larenas 
Azkorenas ConsultorAs

Hace poco salieron los datos de la investigación La blogosfera femenina. I Edición. España. 2012 sobre el perfil de las blogueras en el Estado español. A Azkorenas, como entidad-compuesta-por-mujeres-blogueras recién llegadas a la red, nos interesó mucho conocer los resultados del estudio.

La verdad es que nos impresionaron los datos que se vierten. En un primer momento nos sentimos muy lejos del perfil mayoritario que se muestra. Por eso, después de pensarlo mucho, decidimos realizar este post utilizando la metodología propia de algunos típicos blogs femeninos (según las estadísticas), que distan un poco de lo que hacemos nosotras cada semana. Pero antes, vamos a analizar brevemente los datos que nos muestra la investigación.

El perfil de las bloguerasespañolas” es el siguiente:
  • Edad: el 52% de ellas tiene entre 30 y 39 años. Estamos dentro de la mayoría (por poco, ¿eh?... Que quede claro que acabamos de entrar en la treintena).
  • Otro punto en el que coincidimos es la principal motivación del blog: su uso como herramienta de trabajo.
  • Pero ahora nos vamos alejando… El hecho de vivir en Castro y en Bilbao nos invisibiliza en las estadísticas (más a una que a otra). La Palma se la llevan las mujeres de las grandes ciudades (por mucho que se piense a Bilbao como capital del Universo, parece que no es así… según las estadísticas…).
  • El tema de la maternidad nos llama la atención. ¿A los blogueros se les pregunta si tienen hijos e hijas para hacer sus estadísticas? Pues a las blogueras sí. Imaginamos que esta variable ha sido importante para el estudio porque una buena parte de los blogs consultados están relacionados con la maternidad.
  • En las temáticas... también estamos bastante lejos. Entre las más populares encontramos: moda y complementos (nuestro querido “Todo comenzó en Santander” no entra en este grupo); maternidad y familia (tampoco, aunque prometemos una entrada sobre antropología del parentesco para el próximo curso); vivencias (mmm… habría que analizar qué significa exactamente; sí utilizamos nuestras vivencias e inquietudes para escribir, pero no escribimos sobre nosotras … ¿o sí?); belleza (pues va a ser que no); gastronomía y repostería (tampoco, aunque una de nosotras cocina de miedo -y la otra da miedo cocinando-).
A partir de esta reflexión, y haciendo un guiño a los interesantes blogs de gastronomía y repostería llevados por mujeres, hemos realizado la última entrada pre-vacacional copiando (“si no puedes innovar, copia a los que tienen éxito” -Emilio Duró-) su manera de presentar las entradas: EL PASO A PASO ¡Ahí va nuestra pequeña parodia sin ánimo de ofender!

Ingredientes:

- Ganas de escribir una entrada: un par de tazas, de las de café… y el café.
- Algún tema: pre-cocinado (esta va a ser la base de la receta).
- Un ordenador: encendido, es decir, calentito.
- Un documento de Word: recién hecho.
- Imaginación: una buena pizca.
- Tiempo: lo justito para que la receta quede bien cocinada.

Entrada en cinco pasos:

Primer paso: Pre-cocinar el tema. ¿De qué voy a escribir? Hay semanas en que es muy fácil elegir el tema. De hecho, a veces acabas de publicar una entrada y ya tienes en mente la siguiente. Otras, en cambio, la decisión no llega hasta última hora. Siempre te puede ayudar leer las noticias, ver los telediarios y enterarte de cosas “encabronantes” que circulan por las redes sociales.


EL PAÍS, 5 de agosto de 2013

Segundo paso: Una vez preparado el documento de Word y con el ordenador calentito, llegó la hora de escribir. Pero ¿cómo empezar? Un poco con lo que te venga a la mente. En caso de que pase el tiempo y sigas con la página en blanco, quedarte mirando a una mosca que se cruza por la pantalla ¡noooo! ¡Siempre puedes tirar de las referencias!: libros, artículos, otros blogs, periódicos (una vez más). ¡Que no se te olvide citar! Las referencias son un sucedáneo de la sal. El resultado suele quedar más sabroso, aunque no siempre se necesita. Si crees que la inseguridad se te ha colado en la cocción puedes coger el teléfono, llamar a tu socia y compartir las angustias (sirve también para otro tipo de bloqueos, el hecho de compartir por teléfono las angustias todo lo cura)…


Tercer paso: Una vez cogido el primer hervor la preparación va en camino. Es la hora de darle sustancia. Aquí que no falte la imaginación. Si vas a tirar de humor o sarcasmo puede que la pizca sea más grande. Para la indignación hay que usar solo lo justito, porque si no el resultado queda muy explosivo. Para la autorreflexión, la autocrítica, la perspectiva académica… bueno, ahí cada quien ve cuánta necesita…



Cuarto paso: Se sabe que la preparación está en su punto cuando se te dibuja una sonrisa en los labios. Pero solo se puede asegurar cuando la socia la prueba. Es el momento del consenso, la edición y los detalles.


Quinto paso: La cocción ha sido un éxito, pero hay que compartirla. Este es el último paso y tiene dos partes. Por un lado, publicamos el resultado en las redes sociales, siempre prestas a nuevas degustaciones. Por otro lado, llega al paladar de la abuela de una de nosotras para que le dé bendición… si es que le gusta. La abuela, como todo el mundo, tiene sus predilecciones: las preparaciones de la serie Pinceladas, las pre-cocinadas con trabajo reproductivo. (Terceras Pinceladas y Quintas Pinceladas).


Y eso es todo, nuestro paso-a-paso.

Aprovechamos para despedirnos hasta septiembre que nos vamos de vacaciones, a captar nuevos temas en un ambiente más relajado. Muchas gracias a todos y todas las que nos siguen y nos leen. Hemos acabado esta etapa con más de 14.000 visitas. Prometemos más y mejor al inicio de curso. Eskerrik asko denoi! ¡Muchas gracias a todos y todas!

Más información:



domingo, 28 de julio de 2013

Tercer “ismo”: Racismo

Por Angie Larenas

Las razas no existen. Somos parte de una única raza humana sin suficientes diferencias como para que pueda hablarse de distintas razas. Eso sí, somos culturalmente diversos/as, coloridos/as, dispares…

Aquellas personas a quienes se suele nombrar como “de color” son negras. Llamar “de color” a una persona negra, en mi opinión, es reproducir una connotación racista. Yo soy de color… Hasta donde sé este “marrón” que llevo en la piel no es un no-color.

¿Pero por qué nos cuesta tanto entender cosas tan simples? ¿Faltan explicaciones, falta interés, falta pensamiento crítico?

La teoría sobre las razas se construyó para justificar la esclavitud de personas negras. Siglos tardamos en darnos cuenta de que era una falacia y siglos estamos tardando en barrer del imaginario social toda su herencia de connotaciones racistas. 

Desde los típicos “chistes” (que a veces no es fácil darse cuenta de que no son chistosos, sino degradantes, como los chistes sexistas), hasta la reproducción de estereotipos (como los sexuales) y de frases cotidianas (como aquella frase del futbolista camerunés Samuel Eto’o, que dijo algo así como: “corro como negro para cobrar como blanco”), son parte de una ideología racista que cree que existen humanos/as inferiores y superiores, y que la superioridad la define el color de la piel.

Nuestro mundo está construido teniendo como paradigma del éxito al “hombre-blanco-adinerado”. Todo aquello que escapa a ese paradigma produce desconfianza, y la produce porque tenemos demasiado interiorizadas aquellas connotaciones racistas que sobrevivieron a la teoría sobre las razas. 

Por eso, que una mujer-negra-migrante ocupe un puesto de poder en Europa despierta los recelos de sus contrincantes, quienes se ven con la legitimidad para agredirla, como le está ocurriendo a la Ministra de Integración italiana, Cécile Kyenge. En diferentes momentos y por parte de distintas personalidades políticas, al parecer, todos del partido la Liga Norte, se ha utilizado el color de la piel de la Ministra, el hecho de ser migrante y de ser mujer, para denigrarla, a ella y a su trabajo.

A través de esta entrada reivindicamos el derecho de Cécile Kyenge y de cualquier otra persona a ocupar un cargo público independientemente de su color de piel, del hecho de ser migrante y de ser mujer. Sirva, además, para reflexionar sobre aquellas frases racistas que reproducimos a diario, sobre cómo nos relacionamos y cómo queremos hacerlo. Sobre la necesidad de defender la tolerancia y, más allá de esta, la aceptación.

lunes, 15 de julio de 2013

Séptimas pinceladas: La violencia sexual como arma. El ejemplo de la Plaza Tahrir en Egipto.



Por Angie Larenas

En el año 2000 el Consejo de Seguridad de la ONU lanzó la primera Resolución donde aparece el tema de género. La Resolución 1325 surgió a causa de la presión del movimiento feminista por la discriminación y la vulneración de los derechos de las mujeres en procesos de conflicto armado.

Como bien es sabido, las resoluciones del Consejo de Seguridad tienen carácter vinculante y constituyen el marco para las actuaciones internacionales en materia de resolución de conflictos. Pero ¿por qué es tan importante que se redacten resoluciones específicas en materia de protección de los derechos humanos de las mujeres?

Un ejemplo bastante actual lo tenemos en Egipto. En las protestas ocurridas en los días alrededor del 30 de junio pasado. Se ha documentado la utilización de ataques sexuales como arma para castigar a las mujeres por su participación en las concentraciones de la Plaza Tahrir, y para disuadir a otras de que lo hagan. En el fondo, se trata de utilizar el abuso, el acoso y la violación sexual para infundir el miedo. Es, además, una forma de escarmentar a aquellas mujeres que “osan” ocupar el espacio público.

A continuación podemos ver un video preparado por Human Rights Watch (subtitulado en inglés) y publicado el 2 de julio sobre este mismo tema.



Estos sucesos en Egipto podrían considerarse como hechos aislados, pero no lo son. La desigualdad a la que nos vemos sometidas las mujeres dentro del sistema patriarcal permite que la violencia hacia nosotras sea un hecho extendido y en gran medida aceptado. La diferencia en un contexto de conflicto es que esa violencia aflora de la manera más extrema. Este es un ejemplo, pero hay otros ampliamente documentados, como en los conflictos armados de la RDC, Colombia, Bosnia

En el fondo, la violencia sexual, y la violación como arma de guerra, son la continuación de una situación de violencia estructural amparada en la desigualdad, la discriminación y el machismo.

Por eso vuelvo a la Resolución 1325 y remarco la importancia de los tres niveles en los que el Consejo de Seguridad de la ONU subrayó que es preciso enfatizar para subvertir esta realidad: la prevención, la protección y la participación de las mujeres. Por eso es tan importante que las egipcias continúen ocupando la Plaza Tahrir.

domingo, 30 de junio de 2013

¿Qué son las amenazas a la seguridad?

Por Angie Larenas

En Estudios Internacionales el debate sobre la seguridad, que veíamos en entradas anteriores, se enlaza con la discusión sobre las amenazas a la seguridad.

Tradicionalmente se consideraba que las amenazas a la seguridad provenían de cuestiones tales como la proliferación de armas de destrucción masiva y los conflictos entre Estados (que podían desembocar en guerras). Sin embargo, luego del fin de la Guerra Fría comienzan a tratarse como amenazas todo un abanico de problemas globales de índole económica, política y social.

Se trata de un amplio rango de factores. Algunos medibles, como la insuficiencia de ingresos, el desempleo crónico, la falta de acceso a la salud y a la educación. Otros más subjetivos, como la sensación de ser incapaz de controlar nuestro propio destino (especialmente en contextos de guerra), el sentimiento de indignidad, el miedo al crimen o a los conflictos violentos. (Tadjbakhsh, 2005: 29-30):

Desde la década de 1990 se ha producido un cambio en la manera en que las fuentes de inseguridad impactan sobre el mundo. Nos encontramos más interconectados, las amenazas se transnacionalizan, utilizan los mecanismos de la globalización para expandirse, y estos elementos, entre otros fenómenos y procesos, provocan que problemas de seguridad que antes podían circunscribirse a un país o a una región, hayan ampliado su campo de acción.

Aunque con estas líneas pudiera parecer fácil definir qué es una amenaza a la seguridad, este es un tema tremendamente complicado. Algunos especialistas se decantan por establecer una especie de catálogo de amenazas donde unas tienen mayor peso que otras. Por ejemplo, la violencia física sobre la dignidad humana, la falta de ingresos sobre la ruptura de las comunidades.

Sin embargo, las amenazas físicas son muy restringidas para explicar la problemática de la seguridad. Sobre todo porque no debemos pensar que las personas nos sentimos seguras solo cuando controlamos aquellos fenómenos objetivos (tangibles-medibles) como los que mencionábamos antes. De este modo, se perderían elementos importantes para el bienestar humano, como la posibilidad de reproducir nuestra identidad y nuestras relaciones sociales en un entorno de confianza.

Sobre este tema Roe (2008: 82) propone algo que no es habitual tener en cuenta cuando se debate sobre las amenazas a la seguridad: la importancia de las relaciones sociales. Este autor remarca que los límites de las amenazas están determinados por las seguridades e inseguridades de las relaciones sociales. Es decir, por cómo la interacción humana es capaz de producir tanto peligros como seguridades para las propias personas y para sus comunidades.

En resumen, desde esta perspectiva la seguridad es una propiedad del mundo social y las amenazas a la seguridad son aquellas que desafían la confianza en nuestras capacidades de entender, monitorear y manejar las relaciones sociales en nuestra vida diaria. Se trata de de ser capaces de controlar nuestro entorno. Algo que en situaciones de crisis (como la actual en el Estado español) o en contextos de conflictos armados es mucho más difícil de lograr.


Para profundizar:

McSWEENEY, BILL (1999): Security, Identity and Interests. A Sociology of International Relations, Cambridge, Cambridge University Press.

ROE, PAUL (2008): “The ‘value’ of positive security”, nº 34, pp. 777-794.

TADJBAKHSH, SHAHRBANOU (2005): Human Security: Concepts and Implications with an Application to Post-Intervention Challenges in Afghanistan, Les Études du CERI, Working Paper, n° 117-118.
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