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lunes, 27 de enero de 2014

Lakou, autonomía y resistencia en la historia del Haití rural.


Por Angie Larenas

Dentro de la historia de Haití ocupan un lugar relevante las resistencias contra la dominación. La opresión de Francia primero, de la casta política y militar haitiana después, de los marines estadounidenses en la época de la ocupación militar, de los líderes “ocupados” por los intereses estadounidenses…

Haitianos y haitianas se levantaron contra la esclavitud en 1791. Esto implicó no solo su abolición dos años después, sino también la lucha contra las manifestaciones sociales que la esclavitud traía consigo, como el sistema de plantación azucarera.

Pero teniendo en cuenta la efectividad de la plantación para generar ganancias económicas (hay que tener en cuenta que Saint Domingue era la colonia más próspera el mundo en el siglo XVIII) durante todo el siglo XIX se intentó una y otra vez volver sobre este sistema como método para impulsar la economía y el “progreso” de Haití. 

De ahí que poco a poco la población fuera construyendo un sistema alternativo, denominado por algunos especialistas como contraplantación, que se desarrolló paralelamente a un Estado casi inexistente. Una de las formas de organización social dentro del sistema de contraplantación era el lakou.

Básicamente, el sistema lakou se constituía por un grupo de casas agrupadas alrededor de un patio común, compartido por lo general por una familia extendida. Pero más allá de estas características lo más significativo del lakou es que se convirtió en un sistema de prácticas sociales y culturales que, en buena medida, aseguraban la propiedad sobre la tierra y cierto nivel de autonomía para quienes la trabajaban. Una contestación a los imparables intentos de los gobiernos por imponer el monocultivo y la explotación extensiva de la tierra con mano de obra explotada; reminiscencias de una época ya superada. 

Dentro del lakou quizá una de las tradiciones que mejor representan la importancia de la autosuficiencia es una relacionada con los recién nacidos. Cuando un bebé llegaba al mundo su cordón umbilical se enterraba y sobre él se sembraba un árbol frutal. La fruta del árbol se podía vender para suplir necesidades básicas del niño o la niña mientras crecía, y los ingresos generados podían invertirse también en ganado o incluso en tierras. De este modo, aunque sea simbólicamente, se aseguraba la propiedad sobre la tierra del recién nacido, y su futura autonomía.

El lakou se puede considerar como una manifestación de la idea de libertad del Haití rural, la que impactó profundamente sobre la geografía social del país, incluso sobre las ciudades. Es un claro ejemplo de la tradición comunitaria haitiana y de la capacidad de la población de ser autosuficientes y asegurar un modo de vida digno frente a las constantes imposiciones del Estado. 

Desconozco las formas actuales del lakou, pero uno de los mayores problemas que está teniendo el proceso de reconstrucción de Haití desde el terremoto de 2010 es la falta de colaboración entre los diversos agentes que están tomando parte en la reconstrucción (gobierno, ONG, Estados donantes, organismos internacionales) y la población. Esta falta de colaboración se cimenta sobre la imposición de recetas preconcebidas que en muchas ocasiones no tienen en cuenta la realidad social del país, y que desconocen sus antecedentes comunitarios. Quizá una buena recomendación sea poner en su justa medida la importancia de hurgar en el pasado y, buscar así, en las tradiciones escondidas tras el sistema lakou.



Para mayor información ver:

DUBOIS, Laurent, Haiti: The Aftershocks of History, Metropolitan Books, Nueva York, 2012. 

EDMOND, Yanique M.; RANDOLPH, Suzanne M. ; y RICHARD, Guylaine L., “The Lakou System: A Cultural, Ecological. Analysis of Mothering in Rural Haiti”, en The Journal of Pan African Studies, vol.2, no.01, noviembre 2007.

SCHULLER, Mark, Killing with Kindness. Haiti, International Aid, and NGOs, Rutgers University Press, Nueva Jersey, 2012.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Novenas pinceladas: Las mujeres y el acceso a la educación.


Por Angie Larenas

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Artículo 26, la educación es un derecho. Por ello se señala que: 
  • Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental…
  • La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales

Sin embargo, en el mundo existen millones personas sin acceso a la educación. Y la dificultad para llegar a ella ha tenido y tiene un claro componente de género.

Por ejemplo: 


- Renate Schüssler, en 2007, escribía que en Perú el 17 % de las mujeres es analfabeta, frente al 6% de los hombres. Esta proporción se eleva en zonas rurales y pobres. Pero la exclusión la viven, sobre todo, las mujeres de los pueblos autóctonos y que tienen una lengua distinta al español.

- En Haití, para el año 2012, la población de mujeres con al menos la educación secundaria terminada era del 22,5 %, mientras que la de hombres era el 36,3%. Es bastante subrayable la diferencia con el resto de América Latina y el Caribe, donde 49,8% de las mujeres y el 51,1% de los hombres tenía la educación secundaria concluida.

- En Afganistán, según cifras del Ministerio de Educación afgano citadas por Humaira Haqmal, en 2012 8,39 millones de niños y niñas iban a la escuela, de ellos el 39% eran chicas y 61% chicos

Independientemente de las diferencias de los ejemplos expuestos, de los matices que puedan acompañar a las cifras, está claro que la violación del derecho básico a la educación tiene un impacto diferenciado según el sexo.

En este sentido es importante destacar la relevancia del enfoque de género en la educación. Esto quiere decir que en las políticas relativas a este tema debería ser imprescindible tener en cuenta la diversidad de elementos que permiten la reproducción de las desigualdades de género.

Se trata de elementos tales como la pobreza, la cultura, la discriminación, el racismo, la segregación, la inseguridad, el machismo.

Un objetivo claro en materia educativa sería enseñar para superar el sistema de relaciones humanas jerarquizado y masculinizado en el que nos hemos educado y en el que educamos


Para profundizar:









sábado, 8 de diciembre de 2012

Redescubriendo a Haití: la primera República Negra

Por Angie Larenas

El 1 de enero de 2013 se cumplen 209 años de la Declaración de Independencia de Haití. Poco se conoce sobre lo sucedido entre 1791 y 1804 en la antigua Saint Domingue. A pesar de que existen innumerables estudios dedicados a indagar en los años previos y posteriores a la Declaración de Independencia, la Revolución Haitiana y sus efectos en las dinámicas coloniales-anticoloniales y esclavistas-antiesclavistas en América Latina, son parte de la historia silenciada de nuestro mundo.

Leyendo sobre el tema me enteré de la ayuda prestada por el Presidente Alejandro Petión a Simón Bolívar para su gesta independentista. En 1816 Haití ofreció recursos a cambio del compromiso de abolir la esclavitud en los territorios que Bolívar lograra liberar. Aunque la respuesta de Bolívar a este compromiso está llena de claroscuros y de oportunismo, en este punto lo que me gustaría destacar es lo que señala Dolcey Romero Jaramillo en su artículo “El fantasma de la Revolución Haitiana: esclavitud y libertad en Cartagena de Indias (1812-1815)” (2003) . Romero subraya que “los primeros en poner en práctica la solidaridad latinoamericana fueron los haitianos”. Haití se convierte en un símbolo político y social en el período de las guerras de independencia.

Por otro lado, también se ha investigado sobre la influencia de la historia haitiana sobre el pensamiento del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Susan Buck-Morss en el libro “Hegel, Haiti, and Universal History” toma como punto de partida la representación hegeliana de la libertad para vincular la historia de Haití con la historia universal. Según la autora, es la Revolución Haitiana la que inspira las ideas hegelianas sobre la relación amo-esclavo. Sin embargo, esta cercanía entre la historia haitiana y el pensamiento de Hegel no ha sido reconocida, sobre todo porque quienes llevaron al límite las ideas de la Ilustración en aquella Revolución no fueron blancos europeos, sino negros y esclavos. En el fondo a los/as haitianos/as se les ha negado su papel en la historia universal.

Valgan estas palabras para remarcar una idea: la necesidad de que el conocimiento de la realidad haitiana parta del conocimiento y reconocimiento de su historia.
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