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domingo, 23 de marzo de 2014

¿Qué te piden? Una escama de dragón, un cuerno de unicornio y un posdoc*

Por Nerea Azkona

A pesar del título de la entrada de esta semana, estas letras pertenecen a la Serie Cosas del Gremio del blog, la cual está destinada a temas relacionados con la investigación.

A lo largo de mi vida varias personas me han intentado explicar con teorías muy distintas (lógicas e irracionales) la relación que existe entre el tocino y la velocidad. Bien. De la misma manera me gustaría explicar el vínculo (el cual veo claro clarísimo) que existe entre las escamas de dragón, los cuernos de unicornio y la vida laboral del personal investigador (tanto de los trabajadores remunerados como de los que estamos en el paro sin parar de producir ponencias, artículos, conferencias y seminarios sin retribución económica. Algo así como: “todo sea por el curriculum”).

Hace algunas semanas ojeé en varios periódicos dos noticias. ¿Cómo diría yo?, las definiré como impactantes.

La primera la leí un jueves y decía que Patxi López (ex lehendakari del Gobierno vasco) había sido invitado a dar una clase en una universidad. Ahí se me encendió el piloto, ese que te dice que no sigas leyendo y te quedes en el titular, porque si no vas a tener que bajar a un bar a por un cubata de ron para pasar lo que queda de día. Aún así, leí la noticia. Bueno. Era sólo una clase y fue sin cobrar. En fin. El hombre no tiene estudios universitarios, pero bueno: no hay contrato, no hay alarma.

Sin embargo, el día siguiente leí en los mismos periódicos que habían contratado a El Juli, torero español, en varias universidades para dar dos asignaturas: una de cultura taurina; y otra de técnicas de motivación para el alumnado. Me quedé anonadada.

La verdad es que esta noticia ha traído cola y muchas personas han escrito cartas, entradas y twits sobre el tema. Yo no quiero cargar ni contra El Juli ni contra sus contratadores. Al final, me da igual. Lo que quiero visibilizar es el número y la especificidad de los requisitos que se nos exigen al resto de las personas para acceder a un trabajo en una universidad tanto de docente como de investigador.

Enumero unos pocos. Más o menos los que coinciden con casi todas las áreas y temáticas: nivel de estudios de doctorado, nivel de inglés de proficiency, en el País Vasco nivel de euskera de EGA, ponencias en congresos nacionales e internacionales (pagados de tu bolsillo, obvio), artículos publicados en revistas indexadas (mejor en inglés, claro), libros, capítulos de libros, experiencia docente demostrable (que claro, muchas veces hemos dado clases de estraperlo y no tenemos certificado que lo demuestre), experiencia investigadora en proyectos europeos e internacionales (¿hola?), estar acreditado por una agencia de calidad y un postdoctorado en un país anglosajón (:O).

Vamos a ver. No sólo apenas hay ofertas de empleo en este ámbito, sino que cuando sale una piden un perfil para una persona que lleve trabajando en él al menos 15 años.

Pero claro, si eres un político o un torero pues todo resulta más fácil, ¿no? Tenemos una “diáspora investigadora” grandísima, por no llamarlo exilio de cerebros, y el grado de desesperanza dentro del gremio es desolador. Este tipo de noticias no hacen más que ratificar el hecho de que la huída a otro país es la única alternativa posible si queremos continuar con nuestras carreras, la cuales han sido truncadas antes de empezarlas. Yo, por ejemplo, me fui al paro el mismo mes que defendí mi tesis. Super lógico, vamos.

En mi caso, para cubrir todos los requisitos que se me exigen para acceder a uno de estos puestos tendría que invertir al menos dos años de mi vida en trabajar gratis publicando y yendo a congresos, además de sacándome títulos de idiomas. El tema de la experiencia docente o con proyectos europeos ya es otro cantar.

Pero, ¿quién puede hacer esto: dedicar dos años a mejorar el curriculum sin empleo? Los investigadores necesitamos también pagar las hipotecas y los alquileres y hay pocas posibilidades de reinventarnos en algún otro sector (puestos de trabajo técnicos o especializados) que no sean puestos de trabajo no cualificados. De este modo, todo el dinero que han invertido las Administraciones en nuestra formación se pierde por las cañerías del sistema, obstruidas de materia gris desperdiciada.

Creo que es más fácil que me entrene para convertirme en elfa guerrera de la Tierra Media (lo de torera no me va nada) a que me siga presentando a puestos con requisitos inalcanzables para jóvenes investigadores sin recursos.



* Gracias a Arantza por la idea del título.

domingo, 26 de mayo de 2013

El primer “ismo”: Elitismo en la Universidad

Por Nerea Azkona

Nos encontramos ante la primera entrada de cinco con el título de “ismo”. Dicen que las palabras que acaban en “dad” hacen referencia a conceptos, como multiculturalidad; mientras que las que lo hacen en “ismo” son más ideológicas, por ejemplo multiculturalismo.

A pesar de esta diferenciación, los términos que van a protagonizar estos post son de otro tipo y están relacionados con el abuso de poder por distintas razones:

  •     Clase => clasismo
  •     Raza => racismo
  •     Sexo => sexismo
  •     Influencias => clientelismo
  •     Estatus => elitismo

Hoy comenzamos por esta última contextualizada en el ámbito universitario.
He vivido situaciones en las que he sentido cierto elitismo en la Universidad. ¿En base a qué? A que se considera a unas personas por encima de otras dependiendo del estatus que ocupan. Este elitismo puede acabar dividiendo a la población universitaria (de posgrado relacionada con la investigación) en estudiantes-investigadores/as de “primera” y de “segunda” categoría.

Hablo desde mi experiencia, pero he coincidido con muchas personas de diversos países en mi contexto universitario y creo que puedo decir que en cualquier universidad del mundo hay cierta jerarquía medieval relacionada con el estatus que nos recuerda a la pirámide de la sociedad estamental característica del Antiguo Régimen europeo. Esta sociedad estaba dividida por el estatus y conformaba una pirámide. En su vértice superior se encontraba el Rey, a este ser le seguía la nobleza (alta y baja) y detrás estaba el clero (éste a su vez se subdividía en alto y bajo). La base de la pirámide, donde se amontonaba la mayoría de la gente, era la plebe o el pueblo, a las que denominaban así porque eran personas sin privilegios (eran las únicas que pagaban impuestos, por ejemplo).

A partir de esta descripción voy a desarrollar la pirámide universitaria en el que participamos y la que reproducimos.

En el vértice superior, el (y digo el) Catedrático. Si acaso, la Catedrática detrás, a la sombra.

Después el profesorado de la plantilla. Dentro de este escalafón está el/la titular, el/la adjunto/a, el/la asociado/a, el/la doctor/a-contratado/a,… vamos, un montón de puestos que nos recuerdan cuál es nuestro lugar.

¡Ojo!, si aún existiera el caso de alguna persona de las anteriores que no haya obtenido aún su doctorado, pobre de él o ella. Será el último mono y le pasará por encima (en cuestión de estatus) cualquier persona (incluidos los/as mendrugos/as) que hayan obtenido su título de doctor/a.

En términos de estatus, convertirse en doctor/a es un rito de paso muy importante. A pesar de que no hay cambios físicos (como cuando una mujer es madre, que el rito es físico y el cambio trascendente) el día de la defensa de la tesis (que no el día en que se deposita ) algo cambia en la mirada de la gente que nos rodea. Entramos en El Club. Formamos parte de “algo” en lo que antes no podíamos entrar. Y nos lo hacen saber. Y por ello, muchas defensas son tremendamente duras. Hay que marcar diferencias. Y sí, vamos a entrar en El Club, pero vamos a sufrir un poco todavía que somos licenciados/as o master.

Siguiendo la lista, después del profesorado contratado está el eventual y el visitante y, tal vez, los/as becarios/as post-doctorales. Especímenes difíciles de etiquetar, porque son doctores, pero siguen siendo becarios, lo que les quita estatus. En ningún momento estamos hablando de capacidades. Nadie niega que alguien que se encuentre en la parte de abajo de la pirámide tenga mucho más talento que “un noble conde”.

Después de estas personas está la gente que no da clase. Sí, en la universidad, existe ese rol, que no es otro que el de los/as investigadores/as. Perdón. Investigadores/as pre-doctorales. Hay que marcar distancias. Y no hay que perder la oportunidad de decirle a alguien gracias al nombre de su cargo si ha entrado en El Club o no.

Bueno, antes que estos están los/as investigadores/as contratados/as, que en su mayoría son doctores/as, pero que suelen tener contratos a fin de obra o de proyecto. Son pocos, muy pocos. No son becario/as, pero no son plantilla. Y lo que no son, y tiene que quedar bien claro, es profesores/as. Y que nadie se equivoque. Se les mira con desdén por los/as que están por arriba y por los/as que están por abajo. Esta pobre gente vive a la defensiva.

Luego, sí, los/as pre-doctorales. Estos/as pobres. Pero, cuidado, no son los/las que peor están. Existen los/as doctorandos/as sin beca. A estos ya no se les tiene ni en cuenta (a no ser que sean de una nacionalidad “atractiva” que pueda darles algún que otro punto). Estos/as no tienen reconocimiento, pero están en mejor situación (y me refiero a los juegos de poder) que los/as pre-doc, ya que no dependen de la firma de nadie para hacer nada, porque no hay contrato entre medio. Es decir, a nivel de estatus están por debajo pero a la hora de la verdad son mucho más libres que los que están inmediatamente por encima en la torre del elitismo.

Por último, y dentro de la “nobleza” aún, los/as postgrados. Es decir, la gente que está estudiando master y que desarrolla su tesina.

Detrás de estos “la plebe” del conocimiento. Es decir, todos/as los/as estudiantes de grado. El alumnado propiamente dicho, que son los/as primeros/as que siguen reproduciendo este sistema carca y medieval.


Bueno, primera realidad acabada en “ismo” que he vivido en persona inspirada en el desdén de algunas miradas y en lo poco apropiado de muchos comentarios que he tenido que oír a lo largo de mi vida académica.
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