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lunes, 7 de julio de 2014

El adiós definitivo: Nuevo giro y nos vemos en el sector servicios

Por Nerea Azkona

En 2007, mientras acababa mi licenciatura en antropología, gané un concurso en una universidad para trabajar como técnica de proyectos en dos investigaciones. Así, estuve un año realizando una investigación completa y el trabajo de campo de la otra. Aquello fue el principio de mi andadura en la universidad.

A los tres meses de acabar ambas investigaciones me coloqué en otra universidad como secretaria de un grupo de estudio e investigadora, mientras acababa el máster que me daría en el futuro acceso al doctorado.

Durante esos casi dos años pensé que había encontrado el ámbito al que quería dedicar mi vida laboral. Las condiciones eran más que precarias, pero, en aquel momento, pensaba que con los años mejorarían. De hecho, cuando una amiga mía me contaba que su marido era doctor pero que trabajaba como electricista nunca pensé que aquello pudiera pasarme a mí. Esas cosas siempre le suceden al resto de la gente que no sabe montárselo bien, porque en nuestro caso, consideras que si tragas sapos y culebras en algún momento todo tiene que ir bien.

Bien, con esta maravillosa estrategia de tragar conseguí ulcerar mi aparato digestivo y que los niveles de angustia y estrés devastaran mi sistema nervioso. Parecía que la que no se lo sabía montar era yo: sin contrato(s), sin derechos laborales y no siendo bien tratada en muchísimas ocasiones.

Pero aún no quería darme cuenta, a pesar de que otra amiga mía tomo una decisión que no entendí en su día pero que ahora admiro: ella trabajaba conmigo y obtuvo matrícula de honor en su tesina, hecho que le beneficiaba del primer año de doctorado gratis (lo cual, dependiendo de la universidad, equivale a muchos cientos de euros…). Pues ella decidió dejarlo todo e irse de allí, a pesar de que podía seguir cobrando y de que el próximo año no tendría que pagar nada.

A mí me concedieron dos becas para realizar la tesis. Rechacé una y con la otra he vivido cuatro años. Me cambié de universidad, recuperé mi salud (más o menos) y acabe mi tesis. Defendí y a los 24 días me fui al paro.

Y aunque he trabajado de manera ininterrumpida más de 7 años en la universidad, he disfrutado de 8 meses de paro y de ninguna alternativa.

Durante este tiempo he estudiado idiomas y he probado suerte en puestos de trabajo de la administración y del tercer sector. He ido a 5 entrevistas pero no he conseguido ningún trabajo (en casi todas me recordaron que mi sector era el académico…). Además, he escrito artículos, ponencias y he dado alguna que otra clase magistral. Y todo esto gratis, claro.

Bien, pues a día de hoy puedo decir que mi amor al arte se ha terminado. No pretendo ser académica a cualquier precio ni tampoco a ninguno. Como aspiro a un puesto de trabajo con contrato, he tenido que tomar una decisión: desvincularme totalmente del mundo de la investigación, de la academia y demás actividades relacionadas; véase: realización de ponencias, artículos, post, tuits… o lo que surja.

¿Mi futuro? Aprender otro oficio trabajando en una empresa, un bar, una frutería, un supermercado o un taller. Aquí, lo que surja también.


Cerramos etapa y a buscarse las habas de otra manera.

domingo, 11 de mayo de 2014

El extraño caso de una investigadora en Lanbide

Por Nerea Azkona

No era la primera vez que iba al Servicio Vasco de Empleo (Lanbide), pero para las funcionarias que me atendieron sí que fue la primera vez que veían a una investigadora en vivo y en directo.

Tenía hora a las 10 y media de la mañana para pedir la prestación por desempleo y quería aprovechar el día y llevar mi curriculum junto con todos los títulos y certificados, para poder completarlo en su base de datos y que de esa manera pudieran llamarme de algún trabajo.

La primera duda fue: ¿Dónde llevo todo lo que acredita lo que he hecho a lo largo de mi vida laboral? Siete años trabajando en la universidad da para mucho papel (creo que podría reconstruir un alcornoque con todos los títulos, titulillos y titulotes que llevan mi nombre): los títulos, las certificaciones de participación en proyectos de investigación y las ponencias en congresos, las publicaciones, expedientes, contratos de trabajo, cursos y cursillos varios, y más que ni yo misma sabía que tenía.

Llego y le pregunto a la funcionaria que me atiende si cree que nos dará tiempo en dos horas, ya que no podía llegar tarde a la otra cita. Me miró con cara de “¿Pero tú qué te piensas que vamos a hacer?”. Bien, me sobró un minuto, y porque de la mitad de las cosas que llevaba no se dejó constancia en el ordenador.

¿Por qué? ¿Cuál es el tema? Como todo está informatizado de tal manera que las categorías que existen son fijas, casi todo lo que soy no está catalogado por Lanbide (ni por el Instituto Nacional de Empleo (INEM)). Un ejemplo:

- ¿Qué eres?

- ¿Lo que he estudiado o de lo que he trabajado?

- Lo segundo.

- Ok. Soy investigadora.

- Mmmmm,… a ver… dónde está,… no sé,… ¿De qué tipo de investigación estamos hablando?

- Investigadora social especializada en migraciones.

- Bien, porque el tema de los huesos no está registrado, ¿vale?

(Mi cara empieza a ser un poema y la funcionaria empieza a pelearse con el teclado del PC)

- Yo trabajo con vivos, de momento… trabajaba en la universidad haciendo estudios sociológicos

- ¡Ah, mira! ¡Aquí está la categoría de investigador!

- ¡Bien! (Alivio)

- Espera, espera, espera… no eres detective privado, ¿verdad?

- Ehhhh… ¡Pues no! Ni huesos, ni cazatesoros, ni investigadora de cuernos

- Pues no voy a poder ponerlo… ¿cómo quieres que te defina?

- Pues, soy antropóloga y doctora en estudios internacionales, pero claro, el ordenador no va a tener ni idea ni de una ni de la otra… ¡no sé qué decirte!

- ¿Profesora de instituto?

- Pues tengo el CAP pero nunca he dado clases en un instituto.

- ¿Maestra?

- ¡Eso sí que no! Yo no tengo hecho magisterio, si quieres busca educadora social, como mucho…

- Pues… ¡Espera! ¡Existe la categoría de sociólogo!

- En fin… todo sea por no dejarlo en blanco… pero, claro, yo no tengo la carrera de Sociología, ¿eh?

Bien. Una vez superada mi definición laboral (diez años de mi vida resumidos en “sociólogo” en masculino singular) vienen los títulos, contratos y demás cosillas. No había, por supuestísimo, cabida para nada. La muchacha me miraba como si le estuviera hablando en chino y me propone no meter nada de lo que había llevado y poner en “otros” los links a mi perfil en las redes sociales de academia.edu y a LinkedIn. Muy profesional… Kilos de papel trasladado para nada.

Y al final tuve que elegir cinco profesiones con sus etiquetas fijas de las que me gustaría recibir ofertas de empleo: antropóloga (no existe), investigadora social (no existe), especialista en migraciones o en cualquier cosa por el estilo (no existe), ¿politóloga? (¡no existe! ¡Qué sorpresa!). Me quedo con socióloga y con educadora social, de lo que ejercí con un contrato en prácticas cuando acabé la diplomatura. ¿Y las otras tres? Pues profesora de instituto (ya que la mujer me insistió desde que me senté en la silla que ese era mi futuro) y un largo cri cri cri.


Obviamente, después de cinco meses no me han llamado de ningún sitio; gracias al CV que me hicieron en la oficina de empleo tampoco me extraña. Y digo yo: viendo un poco cómo está el percal en lo que se refiere a la investigación en este país… ¿A nadie se le ha ocurrido que se podría hacer una bolsa de expertos con variables e indicadores (semi)abiertos? Porque claro, Lanbide estará lleno de ¡¡¡sociólogos!!! Ya que no existe ninguna otra categoría para ciencias sociales “hermanas”. Eso sí, no sé qué tanto por ciento de “Monk”s (detective de una serie americana con TOC que ayuda a la policía a resolver casos) habrá por ahí viviendo como detectives privados, ¡ellos sí que tienen su casilla!

domingo, 23 de marzo de 2014

¿Qué te piden? Una escama de dragón, un cuerno de unicornio y un posdoc*

Por Nerea Azkona

A pesar del título de la entrada de esta semana, estas letras pertenecen a la Serie Cosas del Gremio del blog, la cual está destinada a temas relacionados con la investigación.

A lo largo de mi vida varias personas me han intentado explicar con teorías muy distintas (lógicas e irracionales) la relación que existe entre el tocino y la velocidad. Bien. De la misma manera me gustaría explicar el vínculo (el cual veo claro clarísimo) que existe entre las escamas de dragón, los cuernos de unicornio y la vida laboral del personal investigador (tanto de los trabajadores remunerados como de los que estamos en el paro sin parar de producir ponencias, artículos, conferencias y seminarios sin retribución económica. Algo así como: “todo sea por el curriculum”).

Hace algunas semanas ojeé en varios periódicos dos noticias. ¿Cómo diría yo?, las definiré como impactantes.

La primera la leí un jueves y decía que Patxi López (ex lehendakari del Gobierno vasco) había sido invitado a dar una clase en una universidad. Ahí se me encendió el piloto, ese que te dice que no sigas leyendo y te quedes en el titular, porque si no vas a tener que bajar a un bar a por un cubata de ron para pasar lo que queda de día. Aún así, leí la noticia. Bueno. Era sólo una clase y fue sin cobrar. En fin. El hombre no tiene estudios universitarios, pero bueno: no hay contrato, no hay alarma.

Sin embargo, el día siguiente leí en los mismos periódicos que habían contratado a El Juli, torero español, en varias universidades para dar dos asignaturas: una de cultura taurina; y otra de técnicas de motivación para el alumnado. Me quedé anonadada.

La verdad es que esta noticia ha traído cola y muchas personas han escrito cartas, entradas y twits sobre el tema. Yo no quiero cargar ni contra El Juli ni contra sus contratadores. Al final, me da igual. Lo que quiero visibilizar es el número y la especificidad de los requisitos que se nos exigen al resto de las personas para acceder a un trabajo en una universidad tanto de docente como de investigador.

Enumero unos pocos. Más o menos los que coinciden con casi todas las áreas y temáticas: nivel de estudios de doctorado, nivel de inglés de proficiency, en el País Vasco nivel de euskera de EGA, ponencias en congresos nacionales e internacionales (pagados de tu bolsillo, obvio), artículos publicados en revistas indexadas (mejor en inglés, claro), libros, capítulos de libros, experiencia docente demostrable (que claro, muchas veces hemos dado clases de estraperlo y no tenemos certificado que lo demuestre), experiencia investigadora en proyectos europeos e internacionales (¿hola?), estar acreditado por una agencia de calidad y un postdoctorado en un país anglosajón (:O).

Vamos a ver. No sólo apenas hay ofertas de empleo en este ámbito, sino que cuando sale una piden un perfil para una persona que lleve trabajando en él al menos 15 años.

Pero claro, si eres un político o un torero pues todo resulta más fácil, ¿no? Tenemos una “diáspora investigadora” grandísima, por no llamarlo exilio de cerebros, y el grado de desesperanza dentro del gremio es desolador. Este tipo de noticias no hacen más que ratificar el hecho de que la huída a otro país es la única alternativa posible si queremos continuar con nuestras carreras, la cuales han sido truncadas antes de empezarlas. Yo, por ejemplo, me fui al paro el mismo mes que defendí mi tesis. Super lógico, vamos.

En mi caso, para cubrir todos los requisitos que se me exigen para acceder a uno de estos puestos tendría que invertir al menos dos años de mi vida en trabajar gratis publicando y yendo a congresos, además de sacándome títulos de idiomas. El tema de la experiencia docente o con proyectos europeos ya es otro cantar.

Pero, ¿quién puede hacer esto: dedicar dos años a mejorar el curriculum sin empleo? Los investigadores necesitamos también pagar las hipotecas y los alquileres y hay pocas posibilidades de reinventarnos en algún otro sector (puestos de trabajo técnicos o especializados) que no sean puestos de trabajo no cualificados. De este modo, todo el dinero que han invertido las Administraciones en nuestra formación se pierde por las cañerías del sistema, obstruidas de materia gris desperdiciada.

Creo que es más fácil que me entrene para convertirme en elfa guerrera de la Tierra Media (lo de torera no me va nada) a que me siga presentando a puestos con requisitos inalcanzables para jóvenes investigadores sin recursos.



* Gracias a Arantza por la idea del título.

lunes, 17 de febrero de 2014

Te dejo, querida investigación

Por Nerea Azkona

De nuevo el mismo sentimiento que sintió mi corazón hace cinco años cuando decidí separarme.

Primero sientes que no estás a gusto, pero no te atreves ni a pensarlo. Ya no eres feliz. De hecho, ya ni te acuerdas de cuando lo eras. Pero toda esa nebulosa de recuerdos y sentimientos se aturullan en tu cabeza sin poder aún ponerles nombres y sin saber identificar todavía qué es lo que sientes de verdad.

Luego las cosas empeoran y cada vez te sientes más desgraciada hasta que ahogada por la pena y el miedo decides contárselo a alguien. Cuando te oyes en voz alta, sabes, en ese mismo momento, que a la relación le quedan meses, semanas o días. Ya le has puesto nombre y está en tu punto de mira.

Sin embargo, sigues intentando buscar soluciones, pero no ves ninguna que pueda asegurar a medio o largo plazo una medida que no sea un parche o una tirita que vaya a despegarse a la primera de cambio. Cuando algo va mal y no puedes solucionarlo lo más natural es que las cosas empeoren y notas como cada vez queda menos tiempo, cómo la situación se vuelve insoportable a pasos agigantados y cómo pide a gritos que agarres las riendas y que pongas algo de racionalidad en el asunto.

Y así va pasando el tiempo hasta que llegan los días previos a la ruptura que son los peores. Sabes que el tema se va a terminar, porque ya has decidido que así va a ser, y tienes que comunicarlo y pensar en cosas más pragmáticas que antes no habías pensado. Ahora es el momento de reflexionar en cómo se va a proceder: quién se va de casa, dónde te vas a instalar, si te llega el dinero para hacerlo, cómo va a ser el futuro en solitario o dónde vas a volver a reconstruirte de nuevo. Vivir sola, buscar un compañero de piso o volver con tu familia. Y mil preguntas más que te bombardean la mente, que no te dejan dormir, y que sólo te piden cerveza y nicotina.

Por momentos lo vives con entusiasmo, en otras ocasiones con autentico pavor. Tienes miedo a equivocarte a tomar una decisión de la que puedes arrepentirte, a pesar de que llevas meses dándole vueltas al asunto y sabes que es lo mejor para todos, y sobre todo, que es lo mejor para ti.

Y por fin llega el día en que lo haces. Te vas y, sorprendentemente, el mundo no se para. Todo sigue igual a pesar de que tú has decidido cambiar por completo. Pero para el resto del mundo es un día más de sus vidas, aunque tú no puedas olvidar jamás la fecha del 22 de septiembre. Y eso por un lado te calma, porque ves que no es para tanto; y por el otro te cabrea porque lo que tanto te ha costado decidir al resto del mundo le importa una mierda.

Y ahí termina todo. Con el tiempo puede que te arrepientas o puede que creas que es la mejor decisión que has tomado en tu vida. Eso nunca se sabe hasta que eres capaz de mirar hacia atrás sin que te de vértigo.

Bueno, pues he vuelto a sentir esa incertidumbre. Puede que esté empeñada en continuar una relación que no me lleva a ningún sitio y ayer, por primera vez, comenté este miedo en voz alta. Si el ciclo se repite, ya estaría en la anteúltima fase y de aquí a unos meses todo podría terminar.

Puede que me haya empecinado en ser investigadora y puede que me esté empezando a rendir. Estoy hastiada y cansada de luchar por algo que no tiene hueco en el mercado laboral y no puedo vivir más en esa incertidumbre de no saber qué va a pasar conmigo en los próximos meses.

Sí. Puede que lo mejor sea que lo dejemos aquí. De todos modos, me quedan aún, según mi experiencia previa, hasta después del verano para que acabe de tomar la decisión. Aún quedan meses de parches y tiritas.

Qué difícil es cambiar de vida y abandonar todo lo anterior para reconstruirte en algo que aún no sabes qué va a ser: una tienda, un bar, una frutería… algo que te de las satisfacciones que mereces. O menos. Simplemente necesitas un sitio al que ir a trabajar y lo que es más importante, un sitio que te dé la oportunidad de volver a casa cada día después de tu jornada.


Pero bueno, el primer paso ya está. Si me separé y sobreviví; cambiaré de profesión y me las apañaré del mismo modo. Querida investigación, fue bonito mientras duró.

domingo, 17 de marzo de 2013

El futuro incierto de los y las investigadoras en el ámbito académico. Probando suerte con la consultora independiente

Por Nerea Azkona 

He acabado de escribir la tesis. No puedo describir la alegría que siento. Han sido tres años de investigación que al final se han concretado en unas trescientas hojas en las que hay más que palabras escritas. Hay compromiso, hay muchas noches en vela, hay inseguridades superadas, miedos disimulados, muchas horas de lectura, atrevimiento en los métodos, creatividad en la expresión, y tres años de mi vida dedicados a ella como prioridad. 

Estoy contenta, sí, pero el hecho de terminar la tesis trae consigo otro tipo de preocupaciones que hace unos años no estaban. ¿Qué voy a hacer después de defenderla? La preocupación no viene exactamente por la cantidad ilimitada de ofertas que se nos presentan cuando acabamos esta etapa. No. Más bien lo contrario. El mercado de trabajo para las personas que nos hemos especializado en la investigación, ya no te digo la investigación en ciencias sociales, se reduce a la nada en los tiempos que corren. 

En los trabajos técnicos no te cogen porque llevas años dedicándote a la investigación más solitaria que existe en el mundo, así que no somos las candidatas perfectas para trabajar en ONGDs como técnicas; y no hay puestos docentes ni de investigación en la Universidades que cubran la demanda de las personas que se doctoran cada año. 

Claro que hablo del Estado español. Porque Latinoamérica se presenta como El dorado en términos de puestos de trabajo para doctores y doctoras en ciencias sociales. Por lo que, la incertidumbre se convierte en una duda: ¿Me piro e investigo cobrando un sueldo que se corresponde con la mano de obra que estoy ofreciendo o me quedo y aspiro a trabajar, si acaso, en algo que no está relacionado con toda mi trayectoria profesional anterior? Porque el tiempo que hemos dedicado a investigar y a escribir la tesis es un tiempo trabajado; en muchos casos remunerado, o poco y mal remunerado; y en otros, sin remunerar. Pero en casi todos los casos un trabajo no reconocido ni por la sociedad ni por el círculo más cercano de los y las tesistas. 

O bueno, está el emprendimiento. El camino que Angie y yo hemos elegido. 

Pero, ¿para qué hacemos la tesis? Pues hay de todo, me imagino. Habrá gente que empalma la licenciatura con el doctorado porque no encuentra trabajo y es una manera de continuar cuatro años más si tienes la suerte de conseguir una beca, que por otra parte, cada vez está más complicado. 

En mi caso y en el de Angie es vocacional. Investigar es lo que me gusta e investigar es lo que sé hacer. Y lo que hago bien. A lo que he dedicado mi vida desde 2007 y es a lo que quiero dedicarme en el futuro. Ni buscarme la vida como educadora, ni hacer unas oposiciones para despreocuparme del trabajo. Prefiero arriesgarme y apostar por lo que me gusta. 

Y tomar esta decisión no va precisamente acompañado por la gran experiencia que es trabajar gracias a las becas. La vida de los y las becarias depende en su totalidad de la persona que las dirige. Es decir, si el director o directora quiere que tu vida sea un infierno lo será y no hay nada que hacer. Si la persona que dirige quiere darte una oportunidad y un impulso al terminar tu investigación la tendrás. Si no, no. ¿Por qué? Pues porque somos muchos y muchas y los puestos son pocos. Todos y todas somos competencia directa, y si hay alguna vocación que se basa en la competitividad esa es la investigación: hay cupos para todo. Para las becas, para los premios, para los congresos, para las publicaciones. Nos educamos en: “si es para ti no es para mí”. Y aún así quiero que me paguen por ser investigadora. Porque no lo quiero como trabajo, lo quiero como empleo y poder ganarme la vida con ello. Con lo que me apasiona y en un ámbito en el que puedo aportar a la sociedad. 

Gracias a las últimas reformas ahora tenemos algunos meses de paro una vez de que defendemos la tesis. Dedicaré todo lo que tengo para seguir intentándolo. 

Aurrera Azkorenas ConsultorAs! ¡Adelante Azkorenas ConsultorAs!

jueves, 29 de noviembre de 2012

Sobre cómo empezó todo en Santander

Por Nerea Azkona

El I Congreso Internacional de Estudios del Desarrollo, con el lema “Desafíos de los Estudios del Desarrollo”, estaba programado desde hacía más de nueve meses. Teníamos las ponencias, las inscripciones, el hotel y los billetes de autobús. La ida nos coincidió con un día de huelga general, un poco complicado para todo lo que era la organización del congreso y la llegada de los congresistas.

Llegamos a Santander sin problemas. La carretera principal de la ciudad estaba cortada a causa de una marcha matutina convocada por los profesores que protestaban por los recortes. Nos pareció que no eran muchas personas, por lo que pensamos que la marcha programada para las seis de la tarde no iba a reunir demasiada gente. ¡Cuál no sería nuestra sorpresa cuando llegamos a la manifestación y nos encontramos entre 30.000 y 50.000 personas!

El estar allí hizo que llegáramos tarde a la Conferencia Inaugural del congreso a cargo de Valpy FitzGerald con el título "The Development of Development Studies". Eso sí, llegamos a tiempo para enterarnos de que para estudiar en Oxford se necesita tener 20.000 euros al año… (eso para estudiar temas de desarrollo, ni idea lo que debe costar estudiar temas relacionados con la economía o la abogacía…)

El día siguiente era la jornada dura del congreso. Teníamos un horario continuo desde la mañana hasta la tarde con un rato para el café y otro para comer. En el primer panel de la mañana sobre “Políticas, sociedad civil y desarrollo” habló Angie sobre la evolución del vínculo entre la seguridad y el desarrollo, en la sala Audiencias de la Reina del Palacio de la Magdalena. 

Después hubo una Sesión Plenaria sobre “Multi, inter y transdisciplinariedad en Estudios del Desarrollo” y antes de comer, en la Sala Bringas, expuse mi ponencia sobre el principio de Coherencia de Políticas a favor del desarrollo, con un análisis del Plan África (2006-2008) y la implementación de sus políticas de desarrollo y de migración. 

Fue una mesa polémica, pero gracias a ello conocimos a mucha gente durante ese día. La jornada terminó con una cena y con bailes africanos. Inconmensurable los saltos de los académicos al ritmo de los timbales.

La mañana del viernes madrugamos para tener nuestra primera reunión de trabajo como Azkorenas ConsultorAs. Con el paisaje de la Magdalena de fondo y con un tiempo primaveral empezamos a hacer realidad un sueño que llevaba meses rondando en nuestras cabezas. Después de una reunión muy prolífera volvimos al Palacio. En las Caballerizas se celebró la última Sesión Plenaria, titulada “Agenda de desarrollo internacional más allá de 2015”, así como la clausura del evento.

Fueron unos días estupendos que pasamos en buena compañía, con momentos tensos y de risas en los que conocimos a mucha gente interesante y en los que Azkorenas ConsultorAs comenzó a dar sus primeros pasos… ¡Ah! No puedo acabar esta entrada sin hacer mención a nuestro amigo David González González, que junto con Amal Abu-Warda Pérez, consiguió el accésit del Premio REEDES para jóvenes investigadores/as con su ponencia “La hambruna en Somalia ¿dimensión humanitaria o de seguridadpara los países árabes?”.

Y así, en Santander, echamos a andar…
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