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lunes, 7 de julio de 2014

Agur Azkorenas ConsultorAs: Cambio de aires y nuevos proyectos

Por Angie Larenas y Nerea Azkona

Quridxs seguidorxs:

Este va a ser el último post del blog “Todo Comenzó en Santander” que comenzamos allá en noviembre de 2012 con muchísima ilusión. Durante casi dos años hemos escrito la friolera de 82 entradas y hemos recibido más de 21.000 visitas.

Como todo en la vida, las etapas se suceden y los proyectos se emprenden y se terminan y ahora mismo estamos en esa fase. Vamos a cerrar esta gran etapa en la que hemos sido libres de escribir sobre muchísimos temas en la red con sentimientos encontrados. Por un lado, con pena; y por el otro, con satisfacción de haber hecho un buen trabajo.

No es un adiós definitivo, ya que los caminos en la red son inescrutables y nunca se sabe, pero sí que vamos a dar por terminado este blog que esperamos que siga siendo objeto de búsquedas y que aclare dudas o que os saque alguna que otra sonrisilla.

Nosotras hemos puesto todo de nuestra parte para llegar a todxs vosotxos, y esperamos que así haya sido.


Muchas gracias por la fidelidad y hasta pronto.

El adiós definitivo: Nuevo giro y nos vemos en el sector servicios

Por Nerea Azkona

En 2007, mientras acababa mi licenciatura en antropología, gané un concurso en una universidad para trabajar como técnica de proyectos en dos investigaciones. Así, estuve un año realizando una investigación completa y el trabajo de campo de la otra. Aquello fue el principio de mi andadura en la universidad.

A los tres meses de acabar ambas investigaciones me coloqué en otra universidad como secretaria de un grupo de estudio e investigadora, mientras acababa el máster que me daría en el futuro acceso al doctorado.

Durante esos casi dos años pensé que había encontrado el ámbito al que quería dedicar mi vida laboral. Las condiciones eran más que precarias, pero, en aquel momento, pensaba que con los años mejorarían. De hecho, cuando una amiga mía me contaba que su marido era doctor pero que trabajaba como electricista nunca pensé que aquello pudiera pasarme a mí. Esas cosas siempre le suceden al resto de la gente que no sabe montárselo bien, porque en nuestro caso, consideras que si tragas sapos y culebras en algún momento todo tiene que ir bien.

Bien, con esta maravillosa estrategia de tragar conseguí ulcerar mi aparato digestivo y que los niveles de angustia y estrés devastaran mi sistema nervioso. Parecía que la que no se lo sabía montar era yo: sin contrato(s), sin derechos laborales y no siendo bien tratada en muchísimas ocasiones.

Pero aún no quería darme cuenta, a pesar de que otra amiga mía tomo una decisión que no entendí en su día pero que ahora admiro: ella trabajaba conmigo y obtuvo matrícula de honor en su tesina, hecho que le beneficiaba del primer año de doctorado gratis (lo cual, dependiendo de la universidad, equivale a muchos cientos de euros…). Pues ella decidió dejarlo todo e irse de allí, a pesar de que podía seguir cobrando y de que el próximo año no tendría que pagar nada.

A mí me concedieron dos becas para realizar la tesis. Rechacé una y con la otra he vivido cuatro años. Me cambié de universidad, recuperé mi salud (más o menos) y acabe mi tesis. Defendí y a los 24 días me fui al paro.

Y aunque he trabajado de manera ininterrumpida más de 7 años en la universidad, he disfrutado de 8 meses de paro y de ninguna alternativa.

Durante este tiempo he estudiado idiomas y he probado suerte en puestos de trabajo de la administración y del tercer sector. He ido a 5 entrevistas pero no he conseguido ningún trabajo (en casi todas me recordaron que mi sector era el académico…). Además, he escrito artículos, ponencias y he dado alguna que otra clase magistral. Y todo esto gratis, claro.

Bien, pues a día de hoy puedo decir que mi amor al arte se ha terminado. No pretendo ser académica a cualquier precio ni tampoco a ninguno. Como aspiro a un puesto de trabajo con contrato, he tenido que tomar una decisión: desvincularme totalmente del mundo de la investigación, de la academia y demás actividades relacionadas; véase: realización de ponencias, artículos, post, tuits… o lo que surja.

¿Mi futuro? Aprender otro oficio trabajando en una empresa, un bar, una frutería, un supermercado o un taller. Aquí, lo que surja también.


Cerramos etapa y a buscarse las habas de otra manera.

domingo, 15 de junio de 2014

Una antropóloga estudiando idiomas y su rol de “perro de presa”

Por Nerea Azkona

Cuando estudiamos un idioma estamos obligados a participar en el mismo espacio y tiempo con un grupo de personas con las que, en muchas ocasiones, no tenemos nada en común. Pero no sólo compartimos tiempo y espacio, también conversaciones y por supuesto opiniones, sugerencias, posibles soluciones e ideas (muchas de ellas de bombero, pero eso es otro tema).

Hoy he mirado el informe de las horas que he ido a lo largo de mi vida a algún euskaltegi (tipo de academia en la que se estudia euskera). Sin duda, son más de las que he invertido para pensar, hacer, escribir y corregir mi tesis. Y las que me quedan… Pero hoy el tema no es ese (aunque bien daría para un post o para una terapia psicoanalítica buscando las neurosis relacionadas con dicha práctica…).

Queda sólo una semana para examinarnos. Con este grupo en concreto llevo desde octubre más de cuatro horas al día juntos. Es decir, durante este último año mis compañeros y compañeras han sido las personas con las que más he hablado de todo tipo de temas, incluidos algunos de los que nunca se me habría ocurrido hablar con nadie de manera natural.

Pero, ¿qué sucede cuando una nos relacionamos una media de cuatro horas al día un grupo de personas con todo tipo de perfil personal y laboral?

No sólo me estoy refiriendo a la experiencia de este último año. Desde 2002 he coincidido con muchísimas personas. Con algunas he hecho amistad (y muy buena) y con otras he discutido a muerte en conversaciones tremendamente frustrantes, ya que hacerme entender en un idioma que no domino es una de las peores sensaciones que he vivido en cualquier tipo de academia.

Cuando estudiamos un idioma hay que trabajar la competencia oral y escrita, además de la gramática y el vocabulario. Tanto en el examen de la competencia escrita como en la de la oral, a la hora de su preparación en los centros, salen a colación un montón de temas que hay que ir tratando a lo largo del curso (normalmente controvertidos para que la gente tenga algo que decir). Por ejemplo: tipos de familias, la inmigración, el papel de las mujeres en el mundo laboral y familiar, el aborto o la eutanasia.

Pues bien, no se aceptan opiniones racistas, homófobas ni machistas. Normal, ¿no? Pues sí, debería ser así, pero en mi experiencia en diversos euskaltegis a lo largo de mi vida en ocasiones me he sentido como un bicho raro que tenía opiniones raras, y lo peor de todo, me he ganado la fama de “gresquera”, extremista y loca al intentar defender opiniones cercanas a la igualdad, la interculturalidad, el respeto a cualquier inclinación sexual o el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo.

¿Y por qué? Pues porque cuando oigo comentarios en voz alta en momentos dedicados a la conversación grupal tengo que oír cosas como: “los inmigrantes tienen más derechos que nosotros” o “las mujeres no están en puestos de responsabilidad porque igual no quieren ascender” o “es normal que a las mujeres se les toque el culo un sábado”, entre otras lindezas.

En muchos casos no entro al trapo, ya que es muy difícil hacer entender a una persona (en un idioma que no es el de ninguna de las dos) que sus opiniones están basadas en estereotipos, prejuicios o rumores y que en general habla a partir de topicazos que podrían ser desmontados en un momento por una persona con un mínimo de bagaje y de sensibilidad en temas sociales. Y no estoy hablando de personas dedicadas a la academia. Me refiero a personas con un mínimo de civismo.

Y claro, cada vez que algún compañero o compañera suelta alguna de estas perlitas el resto de la clase mira hacia mi rincón esperando una reacción. El problema es que en algunas ocasiones hay personas que están deseando que reaccione a dichos comentarios y me siento un poco mono de feria o perro de presa. ¡Y no me gusta mi rol!

Si dejo pasar los comentarios me da ardor de estómago y si respondo me ponen la típica cara de "ya está la tía esta con sus investigaciones y sus chorradas”, además de la frustración que produce intentar hacer ver una realidad que conozco para que me traten de iluminada.

En definitiva, no sé cuántos años de euskera me quedan en mi vida (y los de inglés, en los que pasa más de lo mismo) pero a estas alturas del cuento sé decir perfectamente la siguientes frases: “el género es una construcción social”, “eso es cultural no biológico”, “¿y los derechos humanos?”, “violencia estructural y sistémica”, “¿qué es lo normal?” y así una serie de frases, que dependiendo del tema a debatir, uso al cabo de la semana más de seis o siete veces.


Miedo me da el tema que nos pondrán en el examen oral y la reacción del o la compañera con la que me toque tener una discusión, ya que el hecho de que no sean admisibles las actitudes y comentarios acabados en “istas” no me produce ningún consuelo, porque con un “pero” y hacer una frase subordinada se soluciona.

domingo, 25 de mayo de 2014

Hablando de violencia: No hay soluciones simples para realidades complejas

Por Nerea Azkona

Si hay un adjetivo que cuadra con el mundo actual en el que vivimos es el de complejo. Las definiciones y los términos se han vuelto complejos y lo mismo sucede con la resolución de problemas y conflictos y con la búsqueda de sus posibles causas y soluciones. Por lo tanto, actualmente no es válida ninguna explicación simple que responda a la realidad.

En este sentido, Feixa y Ferrándiz definen la violencia como un fenómeno de múltiples caras y anclajes en distintas realidades históricas y sociales, y por ello creen necesario segmentarla en modalidades significativas para comprender, de esta manera, su complejidad. Parten de la definición de violencia de Gramsci, el cual la entiende como relaciones de hegemonía y subalteridad.

Todavía hoy se tiende a definir la violencia como el uso agresivo de la fuerza física por parte de unos contra otros, pero debemos tener en cuenta que hay otras formas de agresividad no física, como la verbal, la simbólica o la moral, que pueden hacer incluso hasta más daño. Además, para los y las científicas sociales es tan importante observar la violencia en sí, como comprender la visión que los actores tienen de ella (categoría emic).

A pesar de que las dimensiones de la violencia no deben considerarse como auto-excluyentes, sí que encontramos distintas tipologías; por ejemplo, la violencia política; la violencia estructural (Galtung); la violencia simbólica (Bourdieu); y la violencia cotidiana o diaria, la cual, según Scheper-Hughes, crea un ethos de la violencia. De esta última podemos decir que casi todas sus formas (de la delincuencia al suicidio) tienen sus bases en la estructural.

A partir de esta reflexión sobre la violencia y sus distintas caras, ¿podemos concluir que existen buenos y malos?

Si nos paramos a pensar un momento nos daremos cuenta de que la ficción literaria y cinematográfica nos ha dividido el mundo en dos mitades: los que luchan por el bien y los que luchan por el mal (nótese que ambas partes luchan...). Además estas obras nos suelen invitar a posicionarnos a favor de los débiles, que coinciden, en un principio, con los buenos, que deciden levantarse en armas para defenderse de un enemigo que les extorsiona, explota, viola y/o mata sin prejuicio. En estos casos, la violencia de “los buenos” está justificada por ser en defensa propia, o por ser por un bien mayor, o por ser por un bien común; además, les dignifica como héroes o mártires, mientras que “los malos” atacan por el regocijo que les ofrece la violencia en sí misma movidos por la ambición y el poder.

Por desgracia este esquema no sólo lo utilizamos a la hora de ver películas o de leer libros, sino que lo usamos a la hora de calificar y organizar cuantas noticias y eventos llegan a nuestros oídos. Pero, ¿son los buenos solamente buenos y los malos solamente malos? ¿Pueden los analistas sociales analizar los conflictos desde esta perspectiva dualista? Obviamente no...

Como ya he mencionado en otras entradas sobre hermenéutica, Geertz define la antropología como “tortugas sobre tortugas”, o lo que es lo mismo y quiere significar este símil: interpretaciones de interpretaciones.

Adentrándonos más en el mundo de la antropología de la violencia y del sufrimiento, en este caso, lo que la violencia crea es un círculo vicioso de violencia, en el que los motivos para llevarla acabo ya están olvidados, y donde la violencia que dignifica deja de hacerlo.

Entonces, yo definiría los estudios de antropología de la violencia en vez de estudios de tortugas sobre tortugas, como estudios de víctimas sobre victimarios sobre víctimas sobre victimarios, y así indefinidamente… porque, después de un conflicto donde todo el mundo ha perdido algo: quién es el bueno; quién es el malo; quién tiene la razón última y la verdad; qué lo avala y con qué medios; cómo se ha llegado a esta situación; por qué...

Con esta entrada no he pretendido reflexionar sobre si hay muertes justas o sobre el término contradictorio de guerras preventivas, o sobre si la violencia se puede justificar, en que momento sí y en cuales no, o sobre qué es lo que nos hace víctimas y qué es lo que nos hace verdugos... sino que quiere ser una llamada de atención a la hora de leer los periódicos y de ver la noticias, ya que tenemos que ser capaces de interpretar los hechos sin caer en el simplismo y en las conexiones fáciles, esa dualidad heredada del cine y la literatura, que no deja que nuestra mente quede abierta para pensar todas las partes del conflicto sin prejuicios...

Referencia:
Ferrándiz, F. & C. Feixa, (2004), “Una mirada antropológica sobre las violencias”, Alteridades 14(27): 149-163.


domingo, 11 de mayo de 2014

El extraño caso de una investigadora en Lanbide

Por Nerea Azkona

No era la primera vez que iba al Servicio Vasco de Empleo (Lanbide), pero para las funcionarias que me atendieron sí que fue la primera vez que veían a una investigadora en vivo y en directo.

Tenía hora a las 10 y media de la mañana para pedir la prestación por desempleo y quería aprovechar el día y llevar mi curriculum junto con todos los títulos y certificados, para poder completarlo en su base de datos y que de esa manera pudieran llamarme de algún trabajo.

La primera duda fue: ¿Dónde llevo todo lo que acredita lo que he hecho a lo largo de mi vida laboral? Siete años trabajando en la universidad da para mucho papel (creo que podría reconstruir un alcornoque con todos los títulos, titulillos y titulotes que llevan mi nombre): los títulos, las certificaciones de participación en proyectos de investigación y las ponencias en congresos, las publicaciones, expedientes, contratos de trabajo, cursos y cursillos varios, y más que ni yo misma sabía que tenía.

Llego y le pregunto a la funcionaria que me atiende si cree que nos dará tiempo en dos horas, ya que no podía llegar tarde a la otra cita. Me miró con cara de “¿Pero tú qué te piensas que vamos a hacer?”. Bien, me sobró un minuto, y porque de la mitad de las cosas que llevaba no se dejó constancia en el ordenador.

¿Por qué? ¿Cuál es el tema? Como todo está informatizado de tal manera que las categorías que existen son fijas, casi todo lo que soy no está catalogado por Lanbide (ni por el Instituto Nacional de Empleo (INEM)). Un ejemplo:

- ¿Qué eres?

- ¿Lo que he estudiado o de lo que he trabajado?

- Lo segundo.

- Ok. Soy investigadora.

- Mmmmm,… a ver… dónde está,… no sé,… ¿De qué tipo de investigación estamos hablando?

- Investigadora social especializada en migraciones.

- Bien, porque el tema de los huesos no está registrado, ¿vale?

(Mi cara empieza a ser un poema y la funcionaria empieza a pelearse con el teclado del PC)

- Yo trabajo con vivos, de momento… trabajaba en la universidad haciendo estudios sociológicos

- ¡Ah, mira! ¡Aquí está la categoría de investigador!

- ¡Bien! (Alivio)

- Espera, espera, espera… no eres detective privado, ¿verdad?

- Ehhhh… ¡Pues no! Ni huesos, ni cazatesoros, ni investigadora de cuernos

- Pues no voy a poder ponerlo… ¿cómo quieres que te defina?

- Pues, soy antropóloga y doctora en estudios internacionales, pero claro, el ordenador no va a tener ni idea ni de una ni de la otra… ¡no sé qué decirte!

- ¿Profesora de instituto?

- Pues tengo el CAP pero nunca he dado clases en un instituto.

- ¿Maestra?

- ¡Eso sí que no! Yo no tengo hecho magisterio, si quieres busca educadora social, como mucho…

- Pues… ¡Espera! ¡Existe la categoría de sociólogo!

- En fin… todo sea por no dejarlo en blanco… pero, claro, yo no tengo la carrera de Sociología, ¿eh?

Bien. Una vez superada mi definición laboral (diez años de mi vida resumidos en “sociólogo” en masculino singular) vienen los títulos, contratos y demás cosillas. No había, por supuestísimo, cabida para nada. La muchacha me miraba como si le estuviera hablando en chino y me propone no meter nada de lo que había llevado y poner en “otros” los links a mi perfil en las redes sociales de academia.edu y a LinkedIn. Muy profesional… Kilos de papel trasladado para nada.

Y al final tuve que elegir cinco profesiones con sus etiquetas fijas de las que me gustaría recibir ofertas de empleo: antropóloga (no existe), investigadora social (no existe), especialista en migraciones o en cualquier cosa por el estilo (no existe), ¿politóloga? (¡no existe! ¡Qué sorpresa!). Me quedo con socióloga y con educadora social, de lo que ejercí con un contrato en prácticas cuando acabé la diplomatura. ¿Y las otras tres? Pues profesora de instituto (ya que la mujer me insistió desde que me senté en la silla que ese era mi futuro) y un largo cri cri cri.


Obviamente, después de cinco meses no me han llamado de ningún sitio; gracias al CV que me hicieron en la oficina de empleo tampoco me extraña. Y digo yo: viendo un poco cómo está el percal en lo que se refiere a la investigación en este país… ¿A nadie se le ha ocurrido que se podría hacer una bolsa de expertos con variables e indicadores (semi)abiertos? Porque claro, Lanbide estará lleno de ¡¡¡sociólogos!!! Ya que no existe ninguna otra categoría para ciencias sociales “hermanas”. Eso sí, no sé qué tanto por ciento de “Monk”s (detective de una serie americana con TOC que ayuda a la policía a resolver casos) habrá por ahí viviendo como detectives privados, ¡ellos sí que tienen su casilla!

domingo, 6 de abril de 2014

Una visión antropológica sobre las creencias y los mitos

Por Nerea Azkona

Se acerca la Semana Santa cristiana, en la que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. En muchos lugares del mundo se celebran con gran devoción numerosas actividades litúrgicas y muestras de religiosidad popular como las procesiones y las representaciones de La Pasión.

Éstos, como gran parte de otros fenómenos religiosos, conforman distintos rituales, que no son hechos sin sentido, sino que se llenan de significado en base a un sistema de creencias, conformado a partir de una cosmología y un sistema de valores.

Desde la antropología se conciben las creencias como sistemas interpretativos básicos, lo que significa que el ser humano necesita una serie de interpretaciones que le permitan tanto estar como ser con sentido. De este modo, estos sistemas articulan los mundos interiores que están detrás de la realidad tal y como la observamos, dando respuesta al por qué de las cosas, fundamentándose y proyectándose en credos que permiten que sea compartido, transmitido y proclamado.

Por lo tanto, toda creencia está culturalmente formulada; esto es, son métodos de conocimiento que varían en cada sistema cultural. Para los y las antropólogas la cuestión fundamental es la relación entre las creencias, los comportamientos y las estructuras sociales. Es por esto que los sistemas de creencias son tan poderosos, ya que prescriben lo que hay que hacer para que todos sus miembros crean y actúen del mismo modo evitando la anomia.

Formando parte de este sistema de creencias nos encontramos con los mitos. De hecho, no hay religión sin mitos, ya que, en los inicios, la existencia de estos es previa a los dogmas.

El mito es una narración imaginaria que cumple ciertas funciones y que son considerados creencias en lo sobrenatural fruto de la actividad simbólica del ser humano. Así, necesitamos estas construcciones metafóricas para expresar lo que no es perceptible por medio de los sentidos.

En definitiva, los mitos son formas de saber que dan sentido, orientan y contribuyen de manera directa y eficaz a construir el mundo real, cubriendo necesidades mentales para pasar de la cotidianeidad a dimensiones más profundas.

En este sentido, lo mítico, al igual que lo lógico, pertenece al equipamiento del ser humano y ambos conceptos son formas complementarias e imprescindibles para entender la manera en la que las personas explicamos la realidad. Por lo tanto, resulta tan irreal el mito sin referencia al logos, como el logos sin referencia al mito.


Con esta entrada nos despedidos hasta después de las vacaciones de primavera. Muchas gracias por todas las visitas recibidas (¡que ya suman casi las 20.000!) y por seguir apoyándonos en nuestro proyecto. ¡Hasta pronto!

domingo, 30 de marzo de 2014

La cooperación al desarrollo española y la Ayuda Oficial al Desarrollo: ¿Desmantelamiento de la política?

Por Nerea Azkona

El mes pasado publicamos un post sobre la Ley deExtranjería española deteniéndonos en las numerosas modificaciones que ha sufrido en un breve periodo de tiempo.

Como la Serie Sinergias trata sobre el vínculo entre la migración y el desarrollo, la entrada de hoy está dedicada al sistema de cooperación del Estado español.

No hay que perder de vista que no fue hasta el año 1991 en el que el Estado español se incorporó al Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE. Este hecho fue el que le consolidó como país donante dentro del sistema internacional de cooperación.

Seis años antes, en 1985, fue aprobada una nueva estructura orgánica del Ministerio de Asuntos Exteriores, que supuso la creación de la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica (SECIPI). Este fue el primer paso español en relación a la cooperación.

El Real Decreto 1527/1988, de 11 de noviembre, reestructuró la SECIPI, y creó la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), a la cual se le encomienda propiciar el desarrollo económico y el progreso social, cultural, institucional y político de los Países en Vías de Desarrollo y, en especial, de los de Iberoamérica, así como favorecer el estrechamiento de los lazos de entendimiento y cooperación entre los países desarrollados, especialmente de los integrados en las Comunidades Europeas. La Agencia tiene personalidad jurídica pública diferenciada, patrimonio y tesorería propios, y autonomía de gestión y funcional.

En 1996, se reestructuró la Agencia y en 2008 pasó a denominarse de forma oficial Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

En julio de 1998, se adoptó la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo (LCID), lo que implicó un salto significativo en la política de cooperación que había ido adquiriendo un peso cada vez mayor en el conjunto de la política exterior española. A diferencia de la Ley de Extranjería, esta otra no ha sufrido cambios a lo largo del tiempo y tiene competencias cedidas a las Comunidades Autónomas.

“La cooperación española impulsará procesos de desarrollo que atiendan a la defensa y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales, las necesidades de bienestar económico y social, la sostenibilidad y regeneración del medio ambiente, en los países que tienen elevados niveles de pobreza y en aquellos que se encuentran en transición hacia la plena consolidación de sus instituciones democráticas y su inserción en la economía internacional” (Artículo 1).

La LCID otorga a la lucha contra la pobreza el rango de objetivo último al que se debe encaminar la AOD. No obstante, como dice Alonso: “Cualquier análisis que se realice sobre la ayuda española revela el limitado papel que ese objetivo tiene en la orientación efectiva de sus acciones”.

Después de siete años consecutivos de incrementos, en el 2009 la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española experimentó su primer descenso en los desembolsos. Así pues, en 2009 se ejecutaron 283 millones menos y en 2010 la cooperación disminuyó otros 667 millones.

El sector de la cooperación al desarrollo experimentó otro duro golpe en 2012, cuando el presupuesto cayó un 40% respecto a lo que inicialmente se había establecido, descendiendo de un 0,51% de PIB a un 0,23%.

Es decir, en cuatro años el presupuesto para cooperación ha bajado un 70%. Por desgracia, y con los presupuestos generales en la mano podemos decir que la tendencia no sólo se mantiene sino que se incrementa. Concretamente, el Ministerio que dirige José Manuel García-Margallo en su conjunto ha visto reducido un 10% su presupuesto con respecto al 2012. Sin embargo, mientras que el cómputo destinado a la acción exterior del Estado aumenta en casi 3 millones de euros; la cooperación al desarrollo es el sector que más se ha visto recortado, sobre todo si tenemos en cuenta que en 2011 el Gobierno español ya realizó un recorte del 46,7%.

Estos datos auguran el desmantelamiento de la cooperación al desarrollo española la cual llevaba tres décadas consolidándose. Esta realidad es catastrófica para una política pública que aún no cuenta con la suficiente fuerza comparada con otros sectores. De hecho, los datos del CAD confirman nuestras peores previsiones. Con un 0,15% de la Renta Nacional Bruta destinada a Ayuda Oficial al Desarrollo podemos hablar de desmantelamiento real de la cooperación.

Referencias:

ALONSO, J.A., 2003. “Coherencia de políticas y ayuda al desarrollo: el caso español”, en ALONSO, J.A. y FITZGERALD, V. (ed.), Financiación del desarrollo y coherencia en las políticas de los donantes. Madrid: Catarata e Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), pp. 235-266.

CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, 2012. PresupuestosGenerales de Estado.

COORDINADORA DE ONG PARA EL DESARROLLO ESPAÑA,  2013. Indignación ante el desmantelamiento de lapolítica de cooperación para el desarrollo.


domingo, 23 de marzo de 2014

¿Qué te piden? Una escama de dragón, un cuerno de unicornio y un posdoc*

Por Nerea Azkona

A pesar del título de la entrada de esta semana, estas letras pertenecen a la Serie Cosas del Gremio del blog, la cual está destinada a temas relacionados con la investigación.

A lo largo de mi vida varias personas me han intentado explicar con teorías muy distintas (lógicas e irracionales) la relación que existe entre el tocino y la velocidad. Bien. De la misma manera me gustaría explicar el vínculo (el cual veo claro clarísimo) que existe entre las escamas de dragón, los cuernos de unicornio y la vida laboral del personal investigador (tanto de los trabajadores remunerados como de los que estamos en el paro sin parar de producir ponencias, artículos, conferencias y seminarios sin retribución económica. Algo así como: “todo sea por el curriculum”).

Hace algunas semanas ojeé en varios periódicos dos noticias. ¿Cómo diría yo?, las definiré como impactantes.

La primera la leí un jueves y decía que Patxi López (ex lehendakari del Gobierno vasco) había sido invitado a dar una clase en una universidad. Ahí se me encendió el piloto, ese que te dice que no sigas leyendo y te quedes en el titular, porque si no vas a tener que bajar a un bar a por un cubata de ron para pasar lo que queda de día. Aún así, leí la noticia. Bueno. Era sólo una clase y fue sin cobrar. En fin. El hombre no tiene estudios universitarios, pero bueno: no hay contrato, no hay alarma.

Sin embargo, el día siguiente leí en los mismos periódicos que habían contratado a El Juli, torero español, en varias universidades para dar dos asignaturas: una de cultura taurina; y otra de técnicas de motivación para el alumnado. Me quedé anonadada.

La verdad es que esta noticia ha traído cola y muchas personas han escrito cartas, entradas y twits sobre el tema. Yo no quiero cargar ni contra El Juli ni contra sus contratadores. Al final, me da igual. Lo que quiero visibilizar es el número y la especificidad de los requisitos que se nos exigen al resto de las personas para acceder a un trabajo en una universidad tanto de docente como de investigador.

Enumero unos pocos. Más o menos los que coinciden con casi todas las áreas y temáticas: nivel de estudios de doctorado, nivel de inglés de proficiency, en el País Vasco nivel de euskera de EGA, ponencias en congresos nacionales e internacionales (pagados de tu bolsillo, obvio), artículos publicados en revistas indexadas (mejor en inglés, claro), libros, capítulos de libros, experiencia docente demostrable (que claro, muchas veces hemos dado clases de estraperlo y no tenemos certificado que lo demuestre), experiencia investigadora en proyectos europeos e internacionales (¿hola?), estar acreditado por una agencia de calidad y un postdoctorado en un país anglosajón (:O).

Vamos a ver. No sólo apenas hay ofertas de empleo en este ámbito, sino que cuando sale una piden un perfil para una persona que lleve trabajando en él al menos 15 años.

Pero claro, si eres un político o un torero pues todo resulta más fácil, ¿no? Tenemos una “diáspora investigadora” grandísima, por no llamarlo exilio de cerebros, y el grado de desesperanza dentro del gremio es desolador. Este tipo de noticias no hacen más que ratificar el hecho de que la huída a otro país es la única alternativa posible si queremos continuar con nuestras carreras, la cuales han sido truncadas antes de empezarlas. Yo, por ejemplo, me fui al paro el mismo mes que defendí mi tesis. Super lógico, vamos.

En mi caso, para cubrir todos los requisitos que se me exigen para acceder a uno de estos puestos tendría que invertir al menos dos años de mi vida en trabajar gratis publicando y yendo a congresos, además de sacándome títulos de idiomas. El tema de la experiencia docente o con proyectos europeos ya es otro cantar.

Pero, ¿quién puede hacer esto: dedicar dos años a mejorar el curriculum sin empleo? Los investigadores necesitamos también pagar las hipotecas y los alquileres y hay pocas posibilidades de reinventarnos en algún otro sector (puestos de trabajo técnicos o especializados) que no sean puestos de trabajo no cualificados. De este modo, todo el dinero que han invertido las Administraciones en nuestra formación se pierde por las cañerías del sistema, obstruidas de materia gris desperdiciada.

Creo que es más fácil que me entrene para convertirme en elfa guerrera de la Tierra Media (lo de torera no me va nada) a que me siga presentando a puestos con requisitos inalcanzables para jóvenes investigadores sin recursos.



* Gracias a Arantza por la idea del título.

lunes, 3 de marzo de 2014

La (re)apertura de viejas rutas migratorias de África hacia Europa: ¿casualidad o causalidad?

Por Nerea Azkona

Por desgracia los acontecimientos que estamos viviendo en la frontera entre África y Europa (en este caso en la del Estado español; en otros, en la del italiano) ya han sucedido antes. Parece que estamos condenados a ver repetidas las mismas imágenes cada cierto tiempo. 

Y todo es igual: las personas que intentan cruzar la frontera y sus muertes, la brutalidad policial, el sensacionalismo por parte de los medios y las declaraciones cínicas de ciertos políticos. 

Y todo sigue igual: mientras los Estados juegan al Juego de Tronos con acuerdos y tratados de oficina, hay personas que mueren.

¿Casualidad o causalidad? Estos mortíferos “Días de la Marmota” que vivimos en las fronteras españolas son causa y consecuencia de tratados, convenios y acuerdos que se toman en despachos y que sufre la ciudadanía, en este caso la africana.

Hagamos memoria. 

Hace unos años las relaciones oficiales entre el Estado español y algunos países de África Occidental se reforzó en materia de cooperación al desarrollo. Durante 2006, 2007 y 2008 se llevó a cabo el I Plan África, marco de acción, gracias a su Objetivo 3, de seis acuerdos “únicos en su especie” llamados acuerdos de nueva generación, acuerdos de segunda generación o acuerdos marco de cooperación en materia migratoria.

Estas políticas públicas y acuerdos bilaterales entre el Estado español y los países de África Occidental han sido relevantes ya que esta época coincidió con un aumento de los flujos migratorios provenientes de dicha región. Al igual que está pasando estos días, los medios de comunicación se hicieron eco de este aumento dando una imagen de avalancha que no correspondía en el aquel momento, ni corresponde actualmente con la realidad. 

A causa del tratamiento al que han sometido los medios a estas personas que querían cruzar la frontera sur del país, en 2006 se produjo la llamada “crisis de los cayucos”, que junto con las muertes que el año anterior tuvieron lugar en la frontera hispano-marroquí, fueron el motor del I Plan África.

No obstante, la llegada de embarcaciones a las Islas Canarias y su evolución, que comenzó en 1994 en Fuerteventura y se consolidó en el verano de 2006 con la citada crisis, no se debe tan sólo a causas de pobreza. Existen otros tipos de factores estratégicos que incidieron en el fenómeno.

En el año 2005 las autoridades gubernamentales españolas llegaron a un acuerdo con las marroquíes en cuestión de repatriaciones y control fronterizo, lo que produjo una reducción del número de pateras que llegaban a las costas andaluzas y un incremento en el arribo de cayucos a las Islas Canarias. A esta cooperación bilateral habría que añadir la puesta en marcha y posterior ampliación del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) que funciona en el Estrecho de Gibraltar.

Por estos motivos el origen de las salidas pasó de Marruecos a Mauritania, país con el que el Estado español también reactivó un acuerdo en 2005 en el que se contempló la repatriación de inmigrantes mauritanos y de otras nacionalidades que hayan hecho el tránsito por el país, así como el equipamiento técnico y formativo de las fuerzas mauritanas de control de fronteras, lo que produjo que las rutas hacia Europa descendieran más hacia el sur, convirtiendo a Senegal y Cabo Verde en dos de los principales países de salida. El Estado español negoció distintos acuerdos con estos países, entre ellos uno de nueva generación y otro de control fronterizo con Cabo Verde. Con Senegal no lo consiguió. A pesar de ello, las repatriaciones de ciudadanos senegaleses hacia su país de origen han sido de las más numerosas.

Esta ¿coincidencia? entre el aumento de los flujos migratorios afro-europeos y el incremento de los fondos de la cooperación euro-africana deja al descubierto como los sucesos que ocurren en la frontera no es una cuestión de azar o libre albedrío. Las estrategias, condicionantes y decisiones políticas tienen mucho que ver en el devenir de personas que sólo buscan una alternativa mejor, sin saber que muchas de ellas mueren en la travesía o en la llegada a causa de la acción policial. Es la importancia estratégica y no los derechos humanos lo que marca el destino de muchas actuaciones que engloban a ciertos países y, por desgracia, a sus ciudadanos y ciudadanas.

A día de hoy, la Ruta del Oeste, la de los cayucos de África Occidental hacia las Islas Canarias, está casi cerrada. Por una parte, los flujos de inmigración han ¿optado? por elegir otras rutas con ¿puntos más débiles? en el dispositivo fronterizo que ya se estaban utilizando antes de 2006, como son otros puertos de la península o las vallas de Ceuta y Melilla. Por la otra, detrás de estas cifras, se esconden los datos de los que han muerto en la travesía, que cada vez es más complicada. 

Por lo tanto, se cierra la Ruta del Oeste y el Estado español se apunta un tanto. ¡Esto no es efectividad del sistema de control de fronteras! 

Y la historia se repite y parece que se volverá a repetir hasta que dejen de tratar el tema de manera superficial dejando las responsabilidades en otros estados y se tomen medidas basadas en el respeto de los derechos humanos y no en las necesidades de estos… Y Europa, ¿dónde está?

Referencias:

CARBALLO DE LA RIVA, M., 2009. Migraciones y desarrollo: la incidencia de África subsahariana en la agenda política. Documento de Trabajo nº 13. Madrid: Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación (IUDC) y Universidad Complutense de Madrid (UCM).


lunes, 17 de febrero de 2014

Te dejo, querida investigación

Por Nerea Azkona

De nuevo el mismo sentimiento que sintió mi corazón hace cinco años cuando decidí separarme.

Primero sientes que no estás a gusto, pero no te atreves ni a pensarlo. Ya no eres feliz. De hecho, ya ni te acuerdas de cuando lo eras. Pero toda esa nebulosa de recuerdos y sentimientos se aturullan en tu cabeza sin poder aún ponerles nombres y sin saber identificar todavía qué es lo que sientes de verdad.

Luego las cosas empeoran y cada vez te sientes más desgraciada hasta que ahogada por la pena y el miedo decides contárselo a alguien. Cuando te oyes en voz alta, sabes, en ese mismo momento, que a la relación le quedan meses, semanas o días. Ya le has puesto nombre y está en tu punto de mira.

Sin embargo, sigues intentando buscar soluciones, pero no ves ninguna que pueda asegurar a medio o largo plazo una medida que no sea un parche o una tirita que vaya a despegarse a la primera de cambio. Cuando algo va mal y no puedes solucionarlo lo más natural es que las cosas empeoren y notas como cada vez queda menos tiempo, cómo la situación se vuelve insoportable a pasos agigantados y cómo pide a gritos que agarres las riendas y que pongas algo de racionalidad en el asunto.

Y así va pasando el tiempo hasta que llegan los días previos a la ruptura que son los peores. Sabes que el tema se va a terminar, porque ya has decidido que así va a ser, y tienes que comunicarlo y pensar en cosas más pragmáticas que antes no habías pensado. Ahora es el momento de reflexionar en cómo se va a proceder: quién se va de casa, dónde te vas a instalar, si te llega el dinero para hacerlo, cómo va a ser el futuro en solitario o dónde vas a volver a reconstruirte de nuevo. Vivir sola, buscar un compañero de piso o volver con tu familia. Y mil preguntas más que te bombardean la mente, que no te dejan dormir, y que sólo te piden cerveza y nicotina.

Por momentos lo vives con entusiasmo, en otras ocasiones con autentico pavor. Tienes miedo a equivocarte a tomar una decisión de la que puedes arrepentirte, a pesar de que llevas meses dándole vueltas al asunto y sabes que es lo mejor para todos, y sobre todo, que es lo mejor para ti.

Y por fin llega el día en que lo haces. Te vas y, sorprendentemente, el mundo no se para. Todo sigue igual a pesar de que tú has decidido cambiar por completo. Pero para el resto del mundo es un día más de sus vidas, aunque tú no puedas olvidar jamás la fecha del 22 de septiembre. Y eso por un lado te calma, porque ves que no es para tanto; y por el otro te cabrea porque lo que tanto te ha costado decidir al resto del mundo le importa una mierda.

Y ahí termina todo. Con el tiempo puede que te arrepientas o puede que creas que es la mejor decisión que has tomado en tu vida. Eso nunca se sabe hasta que eres capaz de mirar hacia atrás sin que te de vértigo.

Bueno, pues he vuelto a sentir esa incertidumbre. Puede que esté empeñada en continuar una relación que no me lleva a ningún sitio y ayer, por primera vez, comenté este miedo en voz alta. Si el ciclo se repite, ya estaría en la anteúltima fase y de aquí a unos meses todo podría terminar.

Puede que me haya empecinado en ser investigadora y puede que me esté empezando a rendir. Estoy hastiada y cansada de luchar por algo que no tiene hueco en el mercado laboral y no puedo vivir más en esa incertidumbre de no saber qué va a pasar conmigo en los próximos meses.

Sí. Puede que lo mejor sea que lo dejemos aquí. De todos modos, me quedan aún, según mi experiencia previa, hasta después del verano para que acabe de tomar la decisión. Aún quedan meses de parches y tiritas.

Qué difícil es cambiar de vida y abandonar todo lo anterior para reconstruirte en algo que aún no sabes qué va a ser: una tienda, un bar, una frutería… algo que te de las satisfacciones que mereces. O menos. Simplemente necesitas un sitio al que ir a trabajar y lo que es más importante, un sitio que te dé la oportunidad de volver a casa cada día después de tu jornada.


Pero bueno, el primer paso ya está. Si me separé y sobreviví; cambiaré de profesión y me las apañaré del mismo modo. Querida investigación, fue bonito mientras duró.

domingo, 2 de febrero de 2014

La política migratoria española: Las reformas de la Ley de Extranjería

Por Nerea Azkona

En el Estado español no ha existido una política migratoria hasta fechas muy recientes. De hecho, hasta 1985 no hubo una legislación sobre los residentes extranjeros. No obstante, la Constitución Española de 1978 incluye un artículo sobre los derechos de los extranjeros (Artículo 13), así como un principio de competencias exclusivas del Estado en la gestión de la inmigración. Así, de acuerdo con el Artículo 149, todas las cuestiones relacionadas con la inmigración, el asilo, la nacionalidad, los pasaportes, las fronteras y los extranjeros quedan bajo la responsabilidad de las instituciones centrales del Estado.

Pero es a partir de la transformación del fenómeno migratorio que comienza a producirse en el Estado español a finales de los ochenta y en los años posteriores, cuando se mostró la necesidad de una Ley que se adaptara a las nuevas circunstancias de un país que dejaba de ser de emigrantes para convertirse en un país de destino de las migraciones.

La primera generación de leyes relacionadas con la inmigración incluía:
Este primer conjunto de legislaciones en la materia representó las líneas inspiradoras que sustancialmente han seguido vigentes, haciendo un especial énfasis en el control de los flujos migratorios y en la regulación de los requisitos exigidos para la presencia de extranjeros en el territorio estatal.

En enero de 2000 se realizó una reforma de la Ley de Extranjería de 1985, que la derogó íntegramente. Esta Ley es la que está en vigor en la actualidad, pero ha sufrido tres importantes modificaciones (en el mismo año en la que fue creada, 2000; en el 2003; y en el 2009).

Así, se aprobó la nueva Ley Orgánica4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros enEspaña y su Integración Social que se convirtió en la norma que regula la estancia de los extranjeros provenientes de terceros países en el territorio español, así como los derechos y las libertades que se les reconocen. Esta reforma mostraba una clara vocación integradora que no contenía la regulación anterior.

Sin embargo, el cambio de Gobierno del PSOE al PP, a través de las Elecciones Generales del 2000, condujo a una primera reforma restrictiva de la Ley de Extranjería. De este modo, a partir de la Ley Orgánica 8/2000, el estatus legal de la irregularidad se endureció y el régimen de sanciones se hizo más severo. Se justificó esta reforma en el preámbulo de la Ley diciendo que la anterior no se ajustaba a los compromisos internacionales suscritos por el Estado en el marco de la Unión Europea, y que la anterior Ley sólo contemplaba la situación entonces actual sin tener en cuenta los años venideros.

En 2003, a causa de la vuelta del PSOE al Gobierno Central, la Ley de Extranjería fue reformada de nuevo mediante dos leyes:
  • La Ley Orgánica 11/2003 que hacía referencia a una serie de medidas concretas en materia de seguridad ciudadana, “violencia doméstica” e integración social de los extranjeros que modificó los Artículos 57, 61 y 62 de la L.O. 4/2000
  • La Ley Orgánica 14/2003, que se encuentra en relación directa con la Ley Orgánica 4/2000.
Hasta este momento el conjunto de la política de inmigración contenida en estas regulaciones puede ser resumida en torno a dos principios básicos:

  • Por un parte, el principio de autorización que establece que un extranjero no puede permanecer en el territorio español sin la correspondiente autorización administrativa o legal. Del incumplimiento de este principio básico se deriva directamente la existencia de la categoría legal de irregularidad.
  • Por la otra, el principio de viabilidad que implica que la autorización se otorga a aquellos extranjeros que pueden demostrar la viabilidad económica y social de su proyecto de vida en el Estado español. Esta viabilidad se acredita fundamentalmente por un ingreso estable, que puede provenir de un contrato de trabajo, del autoempleo o de la disponibilidad de recursos económicos suficientes para mantenerse.


La última modificación de la Ley de Extranjería se debe a la Ley Orgánica 2/2009, de 11 de diciembre, sobreDerechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social, la cual incorporó tanto las Directivas Europeas sobre inmigración al derecho interno como las competencias de acogida e integración de los Estatutos de Autonomía.

Dentro de este contexto de cambios constantes del marco normativo se ha desarrollado la política de migración española. El incremento de la población extranjera y la falta de consenso político entre los partidos mayoritarios han conducido a las sucesivas modificaciones de la normativa vigente sobre inmigración, extranjería y asilo.

Estas reformas legislativas han sido justificadas por la necesidad de tener mejores herramientas para frenar la inmigración irregular. Esta filosofía ha considerado que la irregularidad es un impedimento para gestionar el fenómeno migratorio según las necesidades del mercado de trabajo español y que por tanto ha de ser combatida.

Referencia:

MULLOR, M., 2011. Inmigrantes subsaharianos. Una aproximación alas claves de la exclusión. Madrid: Asociación Círculo Africano y ONGD África Activa.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Beste Neguko Festa batzuk: Las Fiestas de Locos

Por Nerea Azkona

El año pasado por esta época escribí una entrada sobre las distintas significaciones dentro de la cultura vasca que ha tenido el Olentzero a lo largo de la historia. Este año, en cambio, quiero hacer mención a unas fiestas que se celebraban en algunos pueblos vascos pero que se han ido perdiendo. Me refiero a las Fiestas de los Locos, propias del ciclo festivo de invierno en Euskal Herria.

Ya desde el solsticio de invierno y con el comienzo de la nueva estación, se nos viene anunciando el advenimiento del tiempo de Carnaval, que abarca un periodo preparatorio marcado por ritos que se llevan a cabo en determinados días previos al famoso Martes de Carnaval. Este día no tiene una fecha fija ya que dependerá de cuándo sea Semana Santa, lo cual está relacionado con el ciclo lunar.

Estas fiestas que sucedían al día de Navidad y que prefiguraban el Carnaval se las conocía como Fiestas de los Locos. Sus rituales y liturgias se desarrollaban principalmente desde el 25 de diciembre hasta los primeros días de enero y se organizaban en el interior de las iglesias.

De hecho, los días 26, 27 y 28 de diciembre eran tres días de fiesta donde diáconos, sacerdotes y niños del coro celebraban respectivamente las fiestas de San Esteban, San Juan y los Santos Inocentes.

En ellas se asistía a un trastrocamiento de la jerarquía, expulsando a los sacerdotes de los púlpitos y ocupando los niños su lugar. El rito consistía en dar órdenes jocosas invirtiendo, de este modo, el ceremonial tradicional. Entre otras cosas decían misa acompañada de malos olores, impartían maldiciones o deseaban a la gente dolores.

¿Y por qué se daba esto? ¿Cuál era su fin último?

Encontramos dos tesis sobre el origen de la Fiesta de los Locos:

  • En esta celebración se encontraba una manera en la que la Iglesia pudiera inscribir en su marco litúrgico los ritos paganos. Esto se piensa que es así ya que eran los propios grupos especialistas de la liturgia cristiana, los que dirigían todos los detalles de esta anti-liturgia que permitía desfogarse al pueblo.
  • Estas fiestas forman parte de una categoría festiva que marca, en todos los grupos organizados, los llamados periodos de transición, en los que la jerarquía de autoridad tiene que ser invertida para recrear una fuerza de autoridad nueva.

Una de las manifestaciones del denominado por Gaignebet, “mundo al revés”, que lo encontramos desde la fiesta de los Santos Inocentes hasta la celebraciones de los Carnavales, es la instauración del reino de la infancia. El hecho de ceder el lugar preeminente de la autoridad a los niños es en sí un fenómeno carnavalesco.

Sólo si partimos de este nivel de inversión relacionada con la edad, se puede comprender el significado de un mundo como el de “los Locos”. Y no queremos referirnos ni a bufones ni a enfermos con el término loco propio del Carnaval; se trata de una locura considerada como una forma de inocencia.

Los ritos que se realizan durante estas fiestas estaban destinados a liberar a la gente del pueblo, vaciando sus cabezas de las rutinas de cada día, para permitir que los adultos se rieran del orden de lo cotidiano; y que los niños se rieran de lo cotidiano de los adultos.

Podemos concluir que las Fiestas de Los Locos son fiestas de inversión, ligadas al origen de la vida y relacionadas con la niñez. Sus rituales se basaban en la ridiculización de los oficios litúrgicos para que después de los ritos de inversión el orden social saliera fortalecido.

Con esta entrada despedimos el año 2013. Muchas gracias a todos y todas por el apoyo recibido durante estos meses. Volveremos en enero con las fuerzas renovadas, mientras tanto: Urte berri on!! ¡Feliz Año Nuevo!

Referencia:


Claude Gaignebet. El Carnaval. Ensayos de mitología popular. Capitulo “El reino de la infancia”. 1985.
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