lunes, 17 de febrero de 2014

Te dejo, querida investigación

Por Nerea Azkona

De nuevo el mismo sentimiento que sintió mi corazón hace cinco años cuando decidí separarme.

Primero sientes que no estás a gusto, pero no te atreves ni a pensarlo. Ya no eres feliz. De hecho, ya ni te acuerdas de cuando lo eras. Pero toda esa nebulosa de recuerdos y sentimientos se aturullan en tu cabeza sin poder aún ponerles nombres y sin saber identificar todavía qué es lo que sientes de verdad.

Luego las cosas empeoran y cada vez te sientes más desgraciada hasta que ahogada por la pena y el miedo decides contárselo a alguien. Cuando te oyes en voz alta, sabes, en ese mismo momento, que a la relación le quedan meses, semanas o días. Ya le has puesto nombre y está en tu punto de mira.

Sin embargo, sigues intentando buscar soluciones, pero no ves ninguna que pueda asegurar a medio o largo plazo una medida que no sea un parche o una tirita que vaya a despegarse a la primera de cambio. Cuando algo va mal y no puedes solucionarlo lo más natural es que las cosas empeoren y notas como cada vez queda menos tiempo, cómo la situación se vuelve insoportable a pasos agigantados y cómo pide a gritos que agarres las riendas y que pongas algo de racionalidad en el asunto.

Y así va pasando el tiempo hasta que llegan los días previos a la ruptura que son los peores. Sabes que el tema se va a terminar, porque ya has decidido que así va a ser, y tienes que comunicarlo y pensar en cosas más pragmáticas que antes no habías pensado. Ahora es el momento de reflexionar en cómo se va a proceder: quién se va de casa, dónde te vas a instalar, si te llega el dinero para hacerlo, cómo va a ser el futuro en solitario o dónde vas a volver a reconstruirte de nuevo. Vivir sola, buscar un compañero de piso o volver con tu familia. Y mil preguntas más que te bombardean la mente, que no te dejan dormir, y que sólo te piden cerveza y nicotina.

Por momentos lo vives con entusiasmo, en otras ocasiones con autentico pavor. Tienes miedo a equivocarte a tomar una decisión de la que puedes arrepentirte, a pesar de que llevas meses dándole vueltas al asunto y sabes que es lo mejor para todos, y sobre todo, que es lo mejor para ti.

Y por fin llega el día en que lo haces. Te vas y, sorprendentemente, el mundo no se para. Todo sigue igual a pesar de que tú has decidido cambiar por completo. Pero para el resto del mundo es un día más de sus vidas, aunque tú no puedas olvidar jamás la fecha del 22 de septiembre. Y eso por un lado te calma, porque ves que no es para tanto; y por el otro te cabrea porque lo que tanto te ha costado decidir al resto del mundo le importa una mierda.

Y ahí termina todo. Con el tiempo puede que te arrepientas o puede que creas que es la mejor decisión que has tomado en tu vida. Eso nunca se sabe hasta que eres capaz de mirar hacia atrás sin que te de vértigo.

Bueno, pues he vuelto a sentir esa incertidumbre. Puede que esté empeñada en continuar una relación que no me lleva a ningún sitio y ayer, por primera vez, comenté este miedo en voz alta. Si el ciclo se repite, ya estaría en la anteúltima fase y de aquí a unos meses todo podría terminar.

Puede que me haya empecinado en ser investigadora y puede que me esté empezando a rendir. Estoy hastiada y cansada de luchar por algo que no tiene hueco en el mercado laboral y no puedo vivir más en esa incertidumbre de no saber qué va a pasar conmigo en los próximos meses.

Sí. Puede que lo mejor sea que lo dejemos aquí. De todos modos, me quedan aún, según mi experiencia previa, hasta después del verano para que acabe de tomar la decisión. Aún quedan meses de parches y tiritas.

Qué difícil es cambiar de vida y abandonar todo lo anterior para reconstruirte en algo que aún no sabes qué va a ser: una tienda, un bar, una frutería… algo que te de las satisfacciones que mereces. O menos. Simplemente necesitas un sitio al que ir a trabajar y lo que es más importante, un sitio que te dé la oportunidad de volver a casa cada día después de tu jornada.


Pero bueno, el primer paso ya está. Si me separé y sobreviví; cambiaré de profesión y me las apañaré del mismo modo. Querida investigación, fue bonito mientras duró.

lunes, 10 de febrero de 2014

El VIH/SIDA y el trinomio seguridad-salud-desarrollo.


Por Angie Larenas

En septiembre de 2000 los principales líderes mundiales se reunieron en la llamada Cumbre del Milenio. Allí definieron ocho objetivos concretos para avanzar a favor de la paz, los derechos humanos, la gobernabilidad, la sostenibilidad ambiental, y la erradicación de la pobreza; para promover los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad. El objetivo número seis hacía referencia directamente a la necesidad de combatir el VIH/SIDA, junto al paludismo y otras enfermedades. De este modo, el VIH/SIDA pasaba a formar parte de la agenda mundial vinculada al tema de la seguridad y el desarrollo.

El VIH/SIDA se ha expandido por el mundo a gran velocidad, pero no al azar. El gráfico nº 1 muestra la prevalencia de la enfermedad globalmente. Se percibe con claridad que la zona por donde más se ha extendido se corresponde con los territorios más empobrecidos del mundo, como África Subsahariana.


Gráfico nº 1: Cantidad estimada de personas viviendo con VIH, 2012.


Fuente: ONUSIDA 


Existen elementos que han facilitado la emergencia de la enfermedad y que pueden ser analizados desde las ciencias sociales: la urbanización, la pobreza, los cambios en los estilos de vida, el incremento de consumo de drogas intravenosas, etc. En gran medida las desigualdades sociales han dado forma a la propagación del virus, y también al curso de la enfermedad en las personas afectadas. 

En un contexto como este es especialmente importante estudiar la enfermedad, su prevención y su control. Una opción es analizarla como parte del trinomio seguridad-salud-desarrollo. Pero ¿cómo se vincula la salud a la seguridad y al desarrollo? Lo primero es que hay que ampliar y profundizar el campo de análisis de ambos conceptos

Las personas experimentamos la inseguridad desde diversos ámbitos. La amenaza de la guerra –como apuntaba el concepto tradicional de seguridad, aquel que enfoca su atención hacia el Estado y su defensa a través de la militarización- puede ser uno de ellos, pero la pobreza, la falta de oportunidades y de condiciones óptimas para la salud, lo son también. Por lo tanto, la seguridad es un concepto multidimensional y sus dimensiones interactúan. 

Más concretamente, la manera en que el VIH/SIDA se ha extendido sobre el mundo se puede explicar también a partir de la interrelación de variables como la pobreza, la desigualdad sexual, la violencia, etc., elementos que a su vez inciden sobre las condiciones de inseguridad del mundo en que vivimos. En este sentido es preciso considerar que la protección sanitaria mundial es interdependiente, que hay países con sistemas epidemiológicos muy fuertes y otros muy débiles, y esto no es natural.

El carácter social de estos procesos ha ayudado a que en materia de desarrollo se haya llegado a un cuestionamiento de aquellas visiones que ponían el centro de atención en el crecimiento económico y que analizaban el desarrollo desde una perspectiva evolucionista. De este modo, la ampliación y profundización del concepto de desarrollo desvía la atención hacia sus dimensiones sociales: oportunidades, empoderamiento, derechos humanos, género y medioambiente, son algunas de ellas.

Entonces, el trinomio seguridad-salud-desarrollo forma una relación dialéctica y compleja que implica la convergencia de temas diversos y que demanda soluciones desde los niveles macro y microsociales, desde las entidades comunitarias, hasta los Estados y el sistema internacional. Solucionar el problema de la incidencia del VIH/SIDA requiere de la acción global, pero no solo de acciones en materia de salud, sino también sobre el desarrollo y la seguridad. 

Con la interrelación entre estos elementos salta a la vista la necesidad de establecer una complementariedad entre políticas en el marco de la salud. Esta centralidad inserta a la salud en la lógica de los derechos humanos y de la satisfacción de necesidades básicas, e incide en las capacidades y las libertades de las personas. Sin embargo, va más allá del ámbito de lo individual y de lo estatal para integrar la dinámica de las relaciones internacionales donde la problemática del desarrollo y de la seguridad es fundamental.



Para mayor información ver:

FARMER, P., “Desigualdades sociales y enfermedades infecciosas emergentes”, en Papeles de Población, nº 23, enero-marzo de 2000, pp. 181-201.

SUTCLIFFE, B., “El virus de la Inmunodeficiencia Humana y sus colaboradores”, en Cuadernos de trabajo de Hegoa, nº 45, julio de 2008, pp. 17-67

domingo, 2 de febrero de 2014

La política migratoria española: Las reformas de la Ley de Extranjería

Por Nerea Azkona

En el Estado español no ha existido una política migratoria hasta fechas muy recientes. De hecho, hasta 1985 no hubo una legislación sobre los residentes extranjeros. No obstante, la Constitución Española de 1978 incluye un artículo sobre los derechos de los extranjeros (Artículo 13), así como un principio de competencias exclusivas del Estado en la gestión de la inmigración. Así, de acuerdo con el Artículo 149, todas las cuestiones relacionadas con la inmigración, el asilo, la nacionalidad, los pasaportes, las fronteras y los extranjeros quedan bajo la responsabilidad de las instituciones centrales del Estado.

Pero es a partir de la transformación del fenómeno migratorio que comienza a producirse en el Estado español a finales de los ochenta y en los años posteriores, cuando se mostró la necesidad de una Ley que se adaptara a las nuevas circunstancias de un país que dejaba de ser de emigrantes para convertirse en un país de destino de las migraciones.

La primera generación de leyes relacionadas con la inmigración incluía:
Este primer conjunto de legislaciones en la materia representó las líneas inspiradoras que sustancialmente han seguido vigentes, haciendo un especial énfasis en el control de los flujos migratorios y en la regulación de los requisitos exigidos para la presencia de extranjeros en el territorio estatal.

En enero de 2000 se realizó una reforma de la Ley de Extranjería de 1985, que la derogó íntegramente. Esta Ley es la que está en vigor en la actualidad, pero ha sufrido tres importantes modificaciones (en el mismo año en la que fue creada, 2000; en el 2003; y en el 2009).

Así, se aprobó la nueva Ley Orgánica4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros enEspaña y su Integración Social que se convirtió en la norma que regula la estancia de los extranjeros provenientes de terceros países en el territorio español, así como los derechos y las libertades que se les reconocen. Esta reforma mostraba una clara vocación integradora que no contenía la regulación anterior.

Sin embargo, el cambio de Gobierno del PSOE al PP, a través de las Elecciones Generales del 2000, condujo a una primera reforma restrictiva de la Ley de Extranjería. De este modo, a partir de la Ley Orgánica 8/2000, el estatus legal de la irregularidad se endureció y el régimen de sanciones se hizo más severo. Se justificó esta reforma en el preámbulo de la Ley diciendo que la anterior no se ajustaba a los compromisos internacionales suscritos por el Estado en el marco de la Unión Europea, y que la anterior Ley sólo contemplaba la situación entonces actual sin tener en cuenta los años venideros.

En 2003, a causa de la vuelta del PSOE al Gobierno Central, la Ley de Extranjería fue reformada de nuevo mediante dos leyes:
  • La Ley Orgánica 11/2003 que hacía referencia a una serie de medidas concretas en materia de seguridad ciudadana, “violencia doméstica” e integración social de los extranjeros que modificó los Artículos 57, 61 y 62 de la L.O. 4/2000
  • La Ley Orgánica 14/2003, que se encuentra en relación directa con la Ley Orgánica 4/2000.
Hasta este momento el conjunto de la política de inmigración contenida en estas regulaciones puede ser resumida en torno a dos principios básicos:

  • Por un parte, el principio de autorización que establece que un extranjero no puede permanecer en el territorio español sin la correspondiente autorización administrativa o legal. Del incumplimiento de este principio básico se deriva directamente la existencia de la categoría legal de irregularidad.
  • Por la otra, el principio de viabilidad que implica que la autorización se otorga a aquellos extranjeros que pueden demostrar la viabilidad económica y social de su proyecto de vida en el Estado español. Esta viabilidad se acredita fundamentalmente por un ingreso estable, que puede provenir de un contrato de trabajo, del autoempleo o de la disponibilidad de recursos económicos suficientes para mantenerse.


La última modificación de la Ley de Extranjería se debe a la Ley Orgánica 2/2009, de 11 de diciembre, sobreDerechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social, la cual incorporó tanto las Directivas Europeas sobre inmigración al derecho interno como las competencias de acogida e integración de los Estatutos de Autonomía.

Dentro de este contexto de cambios constantes del marco normativo se ha desarrollado la política de migración española. El incremento de la población extranjera y la falta de consenso político entre los partidos mayoritarios han conducido a las sucesivas modificaciones de la normativa vigente sobre inmigración, extranjería y asilo.

Estas reformas legislativas han sido justificadas por la necesidad de tener mejores herramientas para frenar la inmigración irregular. Esta filosofía ha considerado que la irregularidad es un impedimento para gestionar el fenómeno migratorio según las necesidades del mercado de trabajo español y que por tanto ha de ser combatida.

Referencia:

MULLOR, M., 2011. Inmigrantes subsaharianos. Una aproximación alas claves de la exclusión. Madrid: Asociación Círculo Africano y ONGD África Activa.


lunes, 27 de enero de 2014

Lakou, autonomía y resistencia en la historia del Haití rural.


Por Angie Larenas

Dentro de la historia de Haití ocupan un lugar relevante las resistencias contra la dominación. La opresión de Francia primero, de la casta política y militar haitiana después, de los marines estadounidenses en la época de la ocupación militar, de los líderes “ocupados” por los intereses estadounidenses…

Haitianos y haitianas se levantaron contra la esclavitud en 1791. Esto implicó no solo su abolición dos años después, sino también la lucha contra las manifestaciones sociales que la esclavitud traía consigo, como el sistema de plantación azucarera.

Pero teniendo en cuenta la efectividad de la plantación para generar ganancias económicas (hay que tener en cuenta que Saint Domingue era la colonia más próspera el mundo en el siglo XVIII) durante todo el siglo XIX se intentó una y otra vez volver sobre este sistema como método para impulsar la economía y el “progreso” de Haití. 

De ahí que poco a poco la población fuera construyendo un sistema alternativo, denominado por algunos especialistas como contraplantación, que se desarrolló paralelamente a un Estado casi inexistente. Una de las formas de organización social dentro del sistema de contraplantación era el lakou.

Básicamente, el sistema lakou se constituía por un grupo de casas agrupadas alrededor de un patio común, compartido por lo general por una familia extendida. Pero más allá de estas características lo más significativo del lakou es que se convirtió en un sistema de prácticas sociales y culturales que, en buena medida, aseguraban la propiedad sobre la tierra y cierto nivel de autonomía para quienes la trabajaban. Una contestación a los imparables intentos de los gobiernos por imponer el monocultivo y la explotación extensiva de la tierra con mano de obra explotada; reminiscencias de una época ya superada. 

Dentro del lakou quizá una de las tradiciones que mejor representan la importancia de la autosuficiencia es una relacionada con los recién nacidos. Cuando un bebé llegaba al mundo su cordón umbilical se enterraba y sobre él se sembraba un árbol frutal. La fruta del árbol se podía vender para suplir necesidades básicas del niño o la niña mientras crecía, y los ingresos generados podían invertirse también en ganado o incluso en tierras. De este modo, aunque sea simbólicamente, se aseguraba la propiedad sobre la tierra del recién nacido, y su futura autonomía.

El lakou se puede considerar como una manifestación de la idea de libertad del Haití rural, la que impactó profundamente sobre la geografía social del país, incluso sobre las ciudades. Es un claro ejemplo de la tradición comunitaria haitiana y de la capacidad de la población de ser autosuficientes y asegurar un modo de vida digno frente a las constantes imposiciones del Estado. 

Desconozco las formas actuales del lakou, pero uno de los mayores problemas que está teniendo el proceso de reconstrucción de Haití desde el terremoto de 2010 es la falta de colaboración entre los diversos agentes que están tomando parte en la reconstrucción (gobierno, ONG, Estados donantes, organismos internacionales) y la población. Esta falta de colaboración se cimenta sobre la imposición de recetas preconcebidas que en muchas ocasiones no tienen en cuenta la realidad social del país, y que desconocen sus antecedentes comunitarios. Quizá una buena recomendación sea poner en su justa medida la importancia de hurgar en el pasado y, buscar así, en las tradiciones escondidas tras el sistema lakou.



Para mayor información ver:

DUBOIS, Laurent, Haiti: The Aftershocks of History, Metropolitan Books, Nueva York, 2012. 

EDMOND, Yanique M.; RANDOLPH, Suzanne M. ; y RICHARD, Guylaine L., “The Lakou System: A Cultural, Ecological. Analysis of Mothering in Rural Haiti”, en The Journal of Pan African Studies, vol.2, no.01, noviembre 2007.

SCHULLER, Mark, Killing with Kindness. Haiti, International Aid, and NGOs, Rutgers University Press, Nueva Jersey, 2012.

lunes, 13 de enero de 2014

Duodécimas pinceladas: Derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y pugnas de poder.

Por Angie Larenas

El 20 de diciembre se aprobó en el Consejo de Ministros del gobierno español el Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada. Este Anteproyecto de Ley, de convertirse en ley, vendría a sustituir la actual Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo.

Está bastante claro, y de ello se viene hablando desde antes de la aprobación del Anteproyecto de Ley, que la propuesta del gobierno precarizará la situación de desigualdad de las mujeres en el Estado español. Nos perpetúa como víctimas de la desigualdad y de la supuesta presión social en contra de la maternidad. Nos discrimina al tratarnos como víctimas. Nos criminaliza al prohibir. En el fondo, reduce nuestra capacidad de decidir sobre nuestro propio cuerpo

El discurso feminista subraya la importancia del cuerpo como territorio. Como señala Lilián Celiberti: “como territorio de poder, como territorio propio, como autonomía, como dominio y como liberación”.

Como territorio en disputa aún hoy el cuerpo de las mujeres se encuentra mediado por la presión de la moral religiosa, en nuestro caso, por la moral católica. Esta intenta homogeneizar una visión del cuerpo femenino en la que se sobredimensiona la maternidad como cualidad suprema y se rechaza la sexualidad como sujeto de pecado.

Dentro de este andamiaje ideológico, la supuesta inmoralidad del aborto, como bien señala Ferrajoli, refleja “…la posición expresada de manera emblemática por la religión católica: si un comportamiento es inmoral debe ser también prohibido por el brazo secular del derecho; si es un pecado debe ser también tratado como delito”. Se establece así la relación directa entre moral y derecho que vemos en el Anteproyecto de Ley del ministro de justicia.

Con los cambios propuestos el gobierno español resuelve la disputa sobre el cuerpo de las mujeres, de todas las mujeres, en beneficio de las demandas de la iglesia católica y los sectores más conservadores de su partido. Legitima la victimización, discriminación y criminalización de las mujeres estableciendo dónde está el poder y quiénes lo detentan.


 
Para mayor información

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