domingo, 24 de noviembre de 2013

Décimas pinceladas: Sobre violencia estructural en el “Día internacional de la eliminación de la violencia hacia las mujeres”.




Por Angie Larenas

En 1955 Rosa Parks (Montgomery, EEUU) se cansó de vivir la humillación a que se veía sometida cada día en el espacio público y decidió transgredir las normas establecidas: no cedió el asiento a un hombre blanco en el autobús, tal y como “debió” haber hecho. Ese día Rosa Parks optó por la confrontación. Pasó una noche en prisión, pagó una multa, pero continuó. 

Rosa Parks fue consciente de su situación, se movilizó y se esforzó por cambiar las normas de la segregación racial. Al desafiarlas, Rosa Parks demostró que esas normas no eran naturales aunque lo parecieran.

La acción de Rosa Parks es, en mi opinión, un ejemplo de la lucha por la eliminación de la violencia hacia las mujeres (sin desmerecer el impacto directo que tuvo en el impulso del movimiento por los derechos civiles en EEUU). Un tipo de violencia que no necesariamente atenta contra la integridad física, no, porque la violencia tiene manifestaciones diversas.

Me refiero a la violencia estructural. Aquella que tiene su fundamento en el funcionamiento de las estructuras de la sociedad, las que fuerzan a las personas y limitan su capacidad de auto-realización. La pobreza, la desigualdad social, el racismo, el sexismo, etc., son fenómenos sociales que emanan del funcionamiento de las estructuras. Se trata de procesos interrelacionados e interdependientes, producto de la agencia humana.

¿Por qué esa violencia tiene formas específicas en relación con las mujeres?

La violencia estructural no impacta por igual a mujeres y hombres. Hemos construido el mundo social sobre relaciones desiguales: desigualdad en el acceso a los recursos, discriminaciones múltiples, segregaciones, etc. Las relaciones de género desiguales están en la base del funcionamiento y de la reproducción de las estructuras. Por lo tanto, las condiciones desiguales en que mujeres y hombres accedemos al mundo social hace que sea insuficiente –aunque necesaria- la lucha contra la violencia física. Hay que ir más lejos.

Superar la situación de violencia estructural en la que vivimos no es sencillo. Pasa por:

  • Reconocer la existencia de las estructuras que nos constriñen: desnaturalizarlas.
  • Tener claridad sobre las condiciones de explotación a que nos somete el sistema patriarcal: tomar conciencia.
  • Actuar, como hizo Rosa Parks: confrontar, movilizar, conscientizar.

Si no se eliminan las raíces profundas de la violencia, la violencia persiste y se reproduce. Hay que buscar esas raíces, lo que implica una visión crítica del mundo en que vivimos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Qué es la instrumentalización política de la acción humanitaria?


Por Angie Larenas

Una definición de la acción humanitaria es la que la describe como un conjunto de acciones que implican el suministro de ayuda, de servicios básicos para la supervivencia (como en el caso de los desastres “naturales”), así como la protección de las víctimas y de sus derechos fundamentales, la preparación para la rehabilitación y la reconstrucción posbélica (como en los conflictos armados). 

Los orígenes del concepto moderno de humanitarismo se remontan al siglo XIX. El ginebrino Henry Dunant (1828-1910) escribió que el campo político debía estar acompañado por un espacio neutro: el campo humanitario. En este sentido propuso construir un ordenamiento jurídico internacional (que más tarde desembocaría en el Derecho Internacional Humanitario), y la fundación de instituciones permanentes preparadas para hacer frente a situaciones de catástrofe. 

En el período post-Guerra Fría la complejización de escenario internacional ha marcado a la acción humanitaria haciendo más peligrosa su actuación, principalmente en espacios de conflicto armado. Se ha evidenciado una multiplicación de los actores que participan en el campo humanitario (ONG, organizaciones intergubernamentales, gobiernos, militares, compañías privadas); cada uno guiado por sus propias interpretaciones del humanitarismo.

Pero a pesar de la multiplicación de agentes, los Estados continúan siendo actores centrales en el desarrollo del humanitarismo. Son los encargados de redactar, firmar, ratificar y aplicar los convenios internacionales relacionados con el campo humanitario, lo que les otorga un papel protagónico en este escenario. De ahí su importancia.

La instrumentalización política del humanitarismo es la utilización del discurso y las prácticas del humanitarismo como una herramienta para conseguir determinados intereses políticos por parte de los Estados. Puede ser comprendida también como una politización de la acción humanitaria. Al utilizarla en función de objetivos geoestratégicos, políticos y económicos, se exacerban los intereses de los Estados en desmedro de los objetivos humanitarios. 

En este sentido, la acción humanitaria es tanto un instrumento de política interna como de política exterior, pero también un instrumento para expandir mercados. Estudiosos y estudiosas del humanitarismo enfatizan que una de las pretensiones de los donantes, o de los Estados que participan del campo humanitario en los territorios en crisis, es llevar empresas nacionales a las zonas una vez reconstruidas. 

Los Estados juegan un papel mucho más importante que el de simples donantes. Están presentes en el escenario humanitario con ejércitos, seguridad civil, a través de los mecanismos de la ONU, etc. El término “humanitario” les resulta útil para involucrarse en los territorios más conflictivos y sacar beneficios de su participación. 

La comunidad internacional decide quién no necesita ayuda, quién no puede ser ayudado y quién puede y debe ser ayudado. Los escenarios de crisis humanitaria en Bosnia, Somalia y Ruanda en la década de los 90, pusieron en evidencia la instrumentalización política de la acción humanitaria y alteraron el enfoque tradicional del humanitarismo. En estas tres crisis quedó demostrado que la manipulación de la acción humanitaria trae confusión y puede empeorar la situación a expensas de las víctimas. De este modo se constata una contradicción entre los principios éticos y jurídicos de la acción humanitaria, y las apuestas geoestratégicas, políticas y económicas en las que los Estados basan sus decisiones. 


Para profundizar:

Abrisketa, Joanna (2004). Derechos humanos y acción humanitaria, Bilbao, Universidad de Deusto, Alberdania.

Grünewald, François y Geoffroy, Véronique (2006). “State Humanitarianism/ Private Humanitarianism Relationship: What Form Should It Take?”, en Gibbons y Piquard (eds.), Working in Conflict – Working on Conflict. Humanitarian Dilemmas and Challenges, Bilbao, University of Deusto, pp. 63-82.

Pérez de Armiño, Karlos (2002). La vinculación emergencia-desarrollo en el marco del ‹‹nuevo humanitarismo››. Reflexiones y propuestas, Madrid, Coordinadora de ONGD.

Weiss, Thomas (1998), “Humanitarian Action in War Zones: Recent Experience and Future Research”, en Nederveen (ed.), World Orders in the Making. Humanitarian Intervention and Beyond, London, Macmillan Press, pp. 24-79.

domingo, 10 de noviembre de 2013

La brecha salarial entre hombres y mujeres

Por Nerea Azkona

Estamos acostumbras a oír que las mujeres cobramos menos que los hombres. Pero, ¿cómo se mide esa diferencia? ¿Qué se compara? La entrada de hoy pretende explicar el término brecha salarial de género y exponer los datos europeos y españoles a este respecto.

Para entrar en materia y como titulares podemos decir que, en término medio, las mujeres de toda Europa ganan alrededor de un 17% menos que los hombres. En el Estado español, el dato se eleva a un 22%.

El concepto brecha salarial de género se define como la diferencia relativa que existe en la media de los ingresos brutos por hora, de mujeres y hombres, en todos los sectores de la economía.

La diferencia salarial es una forma de discriminación y desigualdad laboral que tiene repercusiones en el presente y en el futuro de las mujeres. Un salario menor implica una pensión más baja y, por ello y otras razones, la tasa de riesgo de pobreza de las mujeres mayores de 65 años es mayor que la de los hombres.


  • Según las últimas cifras publicadas por la Comisión Europea, las mujeres ganan en la Unión Europea un 16,4% menos que los hombres. El porcentaje oscila entre aproximadamente el 2% en Polonia; menos de un 10% en Italia, Malta, Polonia, Eslovenia y Bélgica; y más del 25% en Austria, República Checa o Estonia.
  • Del mismo modo, según la Encuesta Anual de Estructura Salarial 2010 publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la ganancia media de los hombres en el Estado español (25.479,74 euros) fue mayor que la de las mujeres (19.735.22). El salario promedio anual femenino fue, por tanto, el 77,5% del masculino.
  • La Comunidad Autónoma en la que se desarrolle la actividad profesional muestra también diferencias salariales. Las mayores desigualdades se observan en Madrid, Asturias, Catalunya, Cantabria y Aragón, donde la retribución oscila entre los 3 y los 5 euros por hora trabajada menos. Por el contrario, las comunidades donde el salario es más igualitario son Murcia, Ceuta y Melilla, Canarias y Andalucía, entre los 0,1 y los 2 euros de diferencia.

Si nos centramos en el Estado español, según el estudio Determinantes de la Brecha Salarial de Género en España, los hombres ganan un 20% más que las mujeres en salario fijo, pero la brecha es más notable respecto a la remuneración variable. En incentivos las mujeres cobran un 37% menos que sus compañeros.

El estudio analiza la brecha salarial mediante ciertos indicadores. Vamos a resumir los que consideramos más interesantes: el tipo de puesto, la edad y la formación.


  • Son los puestos de responsabilidad los que presentan un mayor porcentaje de desigualdad salarial. Ellas cobran un 25,9% de media menos que en los de baja responsabilidad (12,9%). Los puestos de dirección ocupados por mujeres se retribuyen con un 33,2% de media menos, mientras que en administración o servicios técnicos la diferencia es un 29,9% y un 20,3% menos, respectivamente.
  • Es a partir de los 25 años y hasta los 34 años cuando el desequilibrio se amplía al 2% y sigue aumentando hasta alcanzar una diferencia del 10% a partir de los 55 años.
  • La diferencia aumenta conforme la preparación del empleado es mayor. Así, mientras el porcentaje de la diferencia en personas sin estudios o con educación secundaria es del 17,7% y del 25,3%, respectivamente, esta cifra es mayor en el caso de personas con una titulación de formación profesional de grado superior (26,7%) o con licenciatura universitaria o doctorado (30,3%).

¿En función de qué variables laborales y personales hay que matizar esta diferencia salarial? Está claro que las mujeres aspiramos a contratos peores a pesar de estar mejor formadas y que la conciliación de la vida laboral con la personal nos perjudica en términos económicos, ya que el tipo de jornada o la antigüedad inciden de forma importante en el salario.

Referencias:

lunes, 4 de noviembre de 2013

Novenas pinceladas: Las mujeres y el acceso a la educación.


Por Angie Larenas

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Artículo 26, la educación es un derecho. Por ello se señala que: 
  • Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental…
  • La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales

Sin embargo, en el mundo existen millones personas sin acceso a la educación. Y la dificultad para llegar a ella ha tenido y tiene un claro componente de género.

Por ejemplo: 


- Renate Schüssler, en 2007, escribía que en Perú el 17 % de las mujeres es analfabeta, frente al 6% de los hombres. Esta proporción se eleva en zonas rurales y pobres. Pero la exclusión la viven, sobre todo, las mujeres de los pueblos autóctonos y que tienen una lengua distinta al español.

- En Haití, para el año 2012, la población de mujeres con al menos la educación secundaria terminada era del 22,5 %, mientras que la de hombres era el 36,3%. Es bastante subrayable la diferencia con el resto de América Latina y el Caribe, donde 49,8% de las mujeres y el 51,1% de los hombres tenía la educación secundaria concluida.

- En Afganistán, según cifras del Ministerio de Educación afgano citadas por Humaira Haqmal, en 2012 8,39 millones de niños y niñas iban a la escuela, de ellos el 39% eran chicas y 61% chicos

Independientemente de las diferencias de los ejemplos expuestos, de los matices que puedan acompañar a las cifras, está claro que la violación del derecho básico a la educación tiene un impacto diferenciado según el sexo.

En este sentido es importante destacar la relevancia del enfoque de género en la educación. Esto quiere decir que en las políticas relativas a este tema debería ser imprescindible tener en cuenta la diversidad de elementos que permiten la reproducción de las desigualdades de género.

Se trata de elementos tales como la pobreza, la cultura, la discriminación, el racismo, la segregación, la inseguridad, el machismo.

Un objetivo claro en materia educativa sería enseñar para superar el sistema de relaciones humanas jerarquizado y masculinizado en el que nos hemos educado y en el que educamos


Para profundizar:









jueves, 31 de octubre de 2013

El 15M más de dos años después. De los movimientos sociales a la fábrica social.

Por José Mansilla
Miembro de l'Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)
Universidad de Barcelona

¿Qué ha pasado con el 15M dos años y medio después de su llamada a la “toma de los barrios”?, ¿qué efectos ha tenido esta descentralización del movimiento en torno a gran número de nuevas plazas? Ciertamente el 15M no se encuentra hoy en día ni en las agendas ni en las primeras planas de los medios de comunicación de mayor proyección e influencia en el conjunto del Estado. Por no encontrarse, no se encuentra siquiera en el interés general de la población, centrada mayoritariamente en sobrevivir a la impenitente crisis que nos afecta desde hace ya casi un lustro. Olvidados están, también, movimientos de similares características, como Occupy Wall Street o los okupas de la Plaza Taksim, por no hablar de los protagonistas de las llamadas “Primaveras Árabes”. Como decía Manuel Delgado en una entrada de su blog de mayo de 2011: 

(…)  mi intervención es advertir del peligro de que, en efecto, la gran movilización en marcha (…) devenga un ejemplo de este tipo de grandes convulsiones colectivas [tan potentes como efímeras] inspiradas y orientadas por lo que en la práctica puede ser una mera crítica ética del orden económico y político que padecemos (…).

Y la anunciada convulsión efímera ocurrió.

Así, es posible que uno de los factores más importantes para explicar el por qué de esta “brevedad efervescente” sea su caracterización como movimiento social, o incluso como “novísimo movimiento social” con especial atención a su estructura y sistema de toma de decisiones, factor que ha ocupado gran parte de la atención de las ciencias sociales, olvidando su relación con el conflicto y las luchas por la ciudad. Esto vendría a explicar quizás por qué el 15M no sigue presente en nuestro día a día, aunque sí lo están parte de sus herederos y la influencia de sus antecesores, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el movimiento de las Corralas en Andalucía o las asambleas sociales que permanecen en muchos de los barrios y ciudades a lo largo y ancho del Estado.

Es cierto que el 15M mantiene muchos de los elementos que configuraron a los nuevos movimientos sociales cayendo, en ocasiones, en un programa marcadamente “ciudadanista”, o como decía Manuel Delgado, de “(…) mera crítica ética del orden económico y político que padecemos (…)”. Sin embargo, como novedad podríamos afirmar que quizás sus herederos se muevan en torno a elementos que entienden la ciudad como “fábrica social”, esto es, la ciudad como lugar donde se manifiestan las relaciones de producción y reproducción, olvidando el perfil “ciudadanista” y realizando okupaciones de propiedades públicas y privadas, o poniendo en marcha proyectos que priman el valor de uso sobre el de cambio, como huertos urbanos o centros sociales.

Así que si volvemos a la pregunta inicial, ¿qué ha pasado con el 15M?, ¿qué papel está jugando hoy día?, podríamos encontrar la respuesta en la intervención que realizan sus herederos en las luchas contra las dinámicas de explotación, las cuales no se dan únicamente en el lugar de trabajo, sino también en el medio de reproducción que es la ciudad, apuntando, como señalan tantos autores, que la ciudad es el espacio de y para el conflicto.


Referencias
El peligro ciudadanista. Blog de Manuel Delgado (21/05/2011)
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